Llegó la hora del juicio por la muerte del nicaragüense Natividad Canda en los Tribunales de Cartago. Esta es la primera vez que el Estado costarricense, patrono de dos policías acusados de homicidio simple, es sentado en el banquillo de los acusados.
Lamentablemente, sobre todo para la madre de este joven que entonces tenía 25 años, Juana Francisca Mairena, desde hoy y durante aproximadamente dos meses se escuchará al menos a 48 testigos reeditando los últimos momentos de vida de su hijo descarriado.
La muerte de Canda fue un espectáculo moderno del circo romano: mientras era despedazado por dos perros rottweiler, decenas de curiosos, que incluso subieron sobre el techo de un autobús estacionado, presenciaban la escena y no brindaron ayuda, inclusive dos policías.
La noche del nueve de noviembre de 2005, Canda y un amigo de indigencia, apodado “Bananillo”, se metieron por la parte trasera del taller Autos Romero, en la ciudad de Cartago, para robar aluminio.
Los perros lo despedazaron. Murió desangrado en la madrugada en el hospital de la ciudad.
A raíz de su muerte se crearon una serie de conjeturas. Que el guarda no dejó entrar a la Policía, Bomberos y Cruz Roja a tiempo; que debieron dispararle a los animales o que los perros no tenían la culpa, entre otras.
CONFLICTO DIPLOMÁTICO
Lo cierto es que en ese momento las relaciones entre Nicaragua y
Costa Rica se agravaron, aunque ya estaban trastocadas por la demanda costarricense ante la Corte Interamericana de Justicia por el río San Juan y la aprobación de una “ley migratoria draconiana”, como dijo el entonces candidato presidencial Óscar Arias.
Nicaragua dirigió una carta al Gobierno de Costa Rica, exigiendo una exhaustiva investigación, pero el debate involucró a los ciudadanos de dos naciones.
MUCHO EN JUEGO
Para el ex embajador en Costa Rica, Mauricio Díaz, está en juego en este juicio la imagen internacional de este país como respetuoso de los derechos humanos; pone además a prueba el profesionalismo de su sistema judicial y es un termómetro para medir el momento actual de las relaciones de estos dos países, ante un caso de gran relevancia.
“Sólo el hecho del juicio recordará lo que para mí fue lo más grave del caso: la indolencia de la autoridad constituida frente a un hecho atroz. Espero que se haga justicia”, dijo el ex diplomático.