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Acero al por mayor
Fabricio Cajina Loáisiga
El autor es diputado
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Seguramente el mayor de los disparates del presidente Ortega, en lo que lleva al frente de su gobierno, es haber ofrecido acero al por mayor con sabor a represión y sangre, durante su intervención pública en la capital del folclore nicaragüense, con motivo de la conmemoración de la gesta histórica de nuestro pueblo, conocida como El Repliegue.

Es evidente que el propósito fundamental de este mensaje es advertirle a la oposición democrática de nuestro país que aún es un adicto fiel a su cultura guerrerista, misma que llevó a nuestro país a una gran confrontación en la década de los ochenta, que además de conducir a la destrucción económica del país provocó la muerte de miles de nicaragüenses en una guerra estéril e infructuosa.

Ofreciendo el acero de la guerra, el Presidente pretende intimidar a la oposición democrática con el fin de allanar el camino a su proyecto político, la construcción de una nueva dictadura familiar que les asegure la permanencia indefinida en el poder, en contra de la voluntad de la gran mayoría del pueblo nicaragüense, la cual quedó demostrada de una manera contundente en las últimas elecciones presidenciales y será ratificada, en el próximo referendo de noviembre.

Por su importancia histórica, las próximas elecciones municipales deben convertirse en un referendo nacional, donde el pueblo demócrata, amante de la libertad, deberá utilizar el voto popular como el mejor armamento cívico que nos confiere nuestra Constitución, para detener de una manera categórica las pretensiones totalitarias y continuistas del “pueblo presidente”.

Resulta inaudito que en un país, que como el nuestro necesita estabilidad para crecer y construir, el presidente ofrezca de una manera irresponsable acero de guerra al por mayor, sonando de esta forma tambores bélicos que en nada resuelven los problemas de las grandes mayorías, ya que al sembrar nuevamente la semilla de la confrontación, está dirigiendo al país al renacimiento de conflictos ya vividos y hoy rotundamente rechazados por esas grandes mayorías.

Son momentos en que los nicaragüenses debemos hacer una seria reflexión, ya que no son aceros de guerra los que se necesitan actualmente, tengamos la certeza que estos aceros de guerra que ofreció el Presidente más bien vienen a profundizar los serios problemas que azotan a diario a las grandes mayorías, como son la falta de empleo, salud, educación y una vivienda digna, problemas que solamente se pueden enfrentar generando un clima de estabilidad y confianza que aseguren el buen funcionamiento del país.

Sería más práctico y deseable que el actual Presidente ofreciera acero para la construcción de una Nicaragua diferente, donde se enfrenten responsablemente las necesidades que martirizan nuestro pueblo y que además permita dejar atrás los recuerdos de la dolorosa década de represión y terror que vivimos en los ochenta, bajo su anterior gobierno.

La construcción de nuestra democracia ha demandado la sangre de miles de nuestros hermanos, pero ha forjado a su vez una voluntad con temple de acero, dispuesta a defenderla de una manera cívica y decidida.

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