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El liderazgo de la oposición
Iván de Jesús Pereira
El autor es Abogado
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Después de la resolución del Consejo Supremo Electoral, suprimiendo la personería jurídica de los partidos MRS y Conservador, el mapa político nicaragüense ha experimentado un cambio fundamental.

Hoy por hoy la oposición al gobierno de Ortega la lidera el sandinismo renovado. Dicha fuerza política, gracias a la audacia y valentía de su dirigencia, se ha tomado las calles y sin lugar a dudas representa la verdadera oposición.

El valeroso y decidido acto de Dora María Téllez, al lanzarse a una huelga de hambre, obtuvo un respaldo tanto nacional como internacional que ni la misma autora de dichos hechos se lo imaginó. La antigua guerrillera de los años ochenta golpeó la conciencia de la nación y de la comunidad internacional con un gesto pacífico, al estilo Gandhi, exigiendo democracia y justicia para el pueblo de Nicaragua.

Al final, la figura de Dora María se agrandó, dejando muy por detrás a dirigentes incluso en su mismo partido, como son los casos de Sergio Ramírez y Edmundo Jarquín. El pueblo vio en ella una esperanza, una pequeña llama que se encendía en la noche oscura que la corrupción y la adyección ha postrado a Nicaragua.

Pero, ¿cuál es el elemento distintivo de esta nueva dirigencia opositora? ¿Por qué los partidos y agrupaciones de tendencia democrática no han logrado obtener éxito en sus convocatorias? Y este grupo hasta ahora de pequeños valientes dirigentes logra un respaldo y una solidaridad que muchos envidian.

La razón es muy sencilla: igual que en los años ochenta, Dora María Téllez y sus compañeros “se las jugaron” como decimos popularmente. Se enfrentaron con el pecho descubierto al aspirante a dictador, y le demostraron con hechos y palabras que no le tienen miedo.

Si el presidente Ortega se pavonea en lo privado, al sentir que manipula y controla a la oposición institucional como es el PLC y los demás partidos que componen la Asamblea. El mismo Ortega sabe que con gente como el legendario y caballeroso comandante Víctor Tirado, Henry Ruiz, el general retirado Hugo Torres y el articulado Víctor Hugo Tinoco, no se puede jugar. Los conoce, o mejor dicho se conocen y cada uno de ellos sabe de lo que son capaces.

Yo diría, sin temor a equivocarme, que los días en que el presidente Ortega dormía con tranquilidad han terminado. Ortega sabe que no hay mejor cuña que la del mismo palo. Y lo que tiene por delante es un ariete romano, que lo puede destrozar.

El otro elemento interesante es el Partido Conservador, pequeño, minúsculo, con muy poco arrastre popular, pero con una resonancia internacional que pesa en todo examen político.

Por el lado del liberalismo, las cosas parecen estar cada día peor. El pacto con el orteguismo hunde día a día al partido, sepulta el ideario liberal y le cierra el futuro a esta organización política.

El lastre que conlleva la figura de Arnoldo Alemán es muy pesado. El no poder romper con ese liderazgo le va a costar la carrera política a muchos de sus miembros, pero en particular al doctor Francisco Aguirre Sacasa.

Si repasamos la historia, los liberales han tenido la tendencia de morir con sus dictadores. La rebelión de los leoneses contra Zelaya en 1896 fue una excepción. La rebelión de Ramiro Sacasa al crear el Movimiento Liberal Constitucionalista en contra de la dictadura de Anastasio Somoza constituye otro ejemplo.

Pero en ambos casos, la dirigencia del partido tenía la excusa de no romper con el “líder”, porque él mismo representaba el poder. Pero en el caso de Alemán, ¿qué poder representa? Es cierto que tuvo el mérito de llevar al partido nuevamente al gobierno, pero también es no menos cierto, que su Administración dejó un lastre de corrupción, confusión estado-partido y clientelismo que destrozan todo ideal de liderazgo democrático.

El panorama político de Nicaragua está cambiando, eso lo puede percibir desde el más sencillo o el menos inteligente de nuestros conciudadanos. Como liberal y hombre de ideas democráticas, me gustaría que ese cambio lo rectorara el liberalismo, pero no es así, el cambio viene, pero tal como apunta en este momento, lo trae la renovación sandinista, en alianza con otras pequeñas fuerzas democráticas. Si ellos lo logran y nos libran de la amenaza de una nueva dictadura, bienvenido sea. El cambio viene, eso téngalo seguro.

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