“Bajo el cielo azul del Nicaragua/ en el mar dulce del Cocibolca/ hay una isla con dos volcanes/ un paraíso verde de paz/ donde el que llega siempre regresa/ y en donde el cacique Nicarao/ de su belleza se enamoró”. Así comienza la letra de la popular canción Ometepe, del cantautor Luis Enrique Mejía Godoy quien, en 1997, tras visitar esa paradisíaca isla que lo conquistó para siempre, la llamó “tierra prometida”, el “oasis de paz”.
La isla de Ometepe, que en lengua indígena significa “cerros gemelos”, está ubicada en el Gran Lago de Nicaragua, una de las pocas fuentes de agua dulce donde anidan tiburones toro, según algunos expertos.
Con 276 kilómetros cuadrados, donde sobresalen dos majestuosos volcanes y con 37,000 habitantes, en su mayoría indígenas, Ometepe compite para formar parte de las Nuevas Siete Maravillas Naturales del Mundo, una campaña internacional de la fundación New Seven Wonders que promueve este concurso mundial por internet.
Está situada al sureste de Managua y es uno de los principales destinos turísticos de Nicaragua, con mayor riqueza histórica y cultural.
Entre sus riquezas naturales, además de una extensa flora y diversidad de fauna, sobresalen dos volcanes: el Concepción, de 1,610 metros de altura, y el Maderas, de 1,394 metros, que pertenecen a la Cordillera de Fuego, una cadena montañosa de origen volcánico que recorre la mayor parte de Centroamérica, parte de México y de Suramérica.
El Concepción, ubicado a orillas del poblado indígena Altagracia, registra una actividad permanente de baja intensidad, con sismos pequeños y emanación constante de gases que atrae principalmente al turista extranjero ávido de aventuras extremas.
Desde 1883, el Concepción, que tiene uno de los conos más perfectos del planeta, ha registrado 17 erupciones, la última en diciembre de 1999.
Junto a su “cerro gemelo”, el Maderas, de menor altura, se alzan de forma imponente en la isla invitando a los más osados a escalar sus faldas hasta llegar a la cumbre para disfrutar una vista sin igual.
Desde las alturas se puede observar toda la isla y la vasta extensión del Gran Lago, cuya superficie de 8,264 kilómetros cuadrados lo hace el más grande de Centroamérica y de los más grandes del mundo.
Ometepe, que acoge a los municipios de Moyogalpa y Altagracia, fue poblada por tribus indígenas que habitaban las riberas del Gran Lago muchísimo antes de que el vigía español Rodrigo de Triana gritara “¡Tierra a la vista!” al ver el continente americano en 1492.
En ese “oasis de paz” aún existen vestigios de pequeñas tribus, de cementerios indígenas y sitios arqueológicos con piezas que han sido expuestas en los mejores museos del mundo.
Entre la colección que ha decorado el museo parisino del Quai Branly están seis piezas arqueológicas precolombinas de Ometepe, esculturas talladas entre 800 y 1,250 años antes de Cristo.
Asediada por los conquistadores españoles y los piratas ingleses, franceses y holandeses durante los siglos XV, XVI y XVII, la isla es actualmente uno de los destinos naturales preferido por los turistas en Nicaragua.
Para llegar a Ometepe se tiene que tomar un barco en las riberas del Gran Lago y una vez con un pie en la isla, en un recorrido que se puede hacer en bicicleta, autobús o coche, se puede apreciar gran variedad de ecosistemas y atractivos turísticos naturales como ríos, cascadas, ojos de agua, playas y humedales, que se caracterizan por su estado casi virgen.
Recientemente investigadores nicaragüenses, con apoyo del Departamento de Herpetología (estudio de reptiles y anfibios), del Museo de Historia Natural Senckenberg, en Francfort, Alemania, encontraron una nueva especie de salamandra en su hábitat natural en el volcán Maderas.
El Maderas se caracteriza por poseer uno de los dos bosques húmedos del litoral Pacífico de Nicaragua, por lo cual alberga una gran diversidad de flora y fauna representativa de este ecosistema, así como un potencial endémico.
En la isla también se encuentran sitios arqueológicos de más de 2,000 años.
Entre los principales atractivos turísticos, los guías locales ofrecen visitar playas de arena blanca o caminar por la punta Jesús María, un estrecho de tierra hacia el Gran Lago, cuyo inicio tiene una anchura de 20 metros y 200 metros de largo.
Ese estrecho culmina en una franja de arena que en verano se extiende por más de un kilómetro lago adentro, y las aguas bañan ambos lados de esa delgada punta de unos 5 metros de grosor.
Otro lugar que se ofrece es la reserva natural Charco Verde, de naturaleza espléndida, donde se ubican un cerro, una laguna separada del Gran Lago por escasos metros de tierra, y una variedad de fauna y flora, en la que sobresalen tres familias de monos congo.
En Charco Verde, de ambiente misterioso, se pueden apreciar aves migratorias, insectos y hasta boas de regular tamaño que invitan a caminar hasta el cerro del mismo nombre, donde desde su cúspide conocida como el Mirador del Diablo se pueden apreciar más bellezas de Ometepe.
Otro lugar a visitar es la cascada de San Ramón, en la falda sur del volcán Maderas y de unos 50 metros de altura, de donde se derrama agua cristalina.
En el cráter inactivo del Maderas también se localiza una laguna fría, la cual está rodeada por árboles y cubierta por densa neblina.
Las autoridades del Instituto Nicaragüense de Turismo apuestan a que Ometepe, la “tierra prometida”, el “oasis de paz”, la joya natural en el corazón del Gran Lago de Nicaragua, estará al 31 de diciembre próximo entre los 21 lugares naturales más votados que pasarán a una segunda fase final para elegir a las Nuevas Siete Maravillas Naturales del Mundo que serán elegidas definitivamente en en 2010.