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Alejandro Serrano Caldera, el autor es filósofo y escritor nicaragüense ()
Octavio Paz: poeta y pensador del siglo XX
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El pasado 19 de abril se cumplieron diez años de la muerte de Octavio Paz. La ausencia de un poeta disminuye siempre la claridad del mundo hasta que nuevas voces restituyen la plenitud del esplendor en el prodigio de la palabra que, en su obra, es belleza y claridad indisociables, poesía filosófica y filosofía poética unidas para presentar el testimonio de su tiempo.

Testigo excepcional de su momento histórico, que en parte ha sido también el nuestro, su palabra siempre en carne viva describió, descubrió, construyó y su voz, “La otra voz”, la del pensador y la del poeta, fue eco de toda una época y tejido viviente de una ética que reafirma los principios y valores de la libertad y dignidad del ser humano y que por lo mismo se alza implacable contra todos los dogmas, los de izquierda y los de derecha, contra todas las cadenas, contra todas las mentiras. Por eso la crítica fue el principio rector de su pensamiento y la libertad, el sentido y finalidad de su quehacer de escritor y de hombre.

Expresión de la excelencia poética, es a la vez uno de los grandes pensadores hispanoamericanos del siglo XX. La precisión de su prosa vuelve transparente la complejidad de los temas que abordó en su vida de escritor y la profundidad de sus reflexiones no sacrificó jamás la claridad de su escritura.

Poeta de la filosofía y filósofo de la poesía supo siempre que la verdad filosófica se encuentra en la belleza del arte, en el poema, en la música, en la pintura, en la escultura, en la magia de la palabra que crea cuando nombra y en la sensibilidad que humaniza la razón que se pregunta por las causas últimas, que explica, organiza y describe la realidad del mundo y del ser en conceptos rigurosos y abstractos.

Su obra enseña de forma explícita o implícita que la verdad está en la belleza y que lo bello en el pensamiento y el arte siempre es verdadero. Ética y estética unidas en forma necesaria y complementaria que juntan a la sensibilidad que humaniza y al rigor de la crítica en el origen de la creación de un pensamiento verdaderamente moderno que se inicia y desarrolla con los filósofos franceses e ingleses del siglo XVIII.

La razón crítica y el pensamiento de la Ilustración están en la raíz misma de la Era Moderna, pues cuando la razón se convierte en el rasgo distintivo, no sólo de una élite sino de la sociedad toda, cuando la crítica argumentativa, el debate de las ideas, la disidencia y la discrepancia son formas normales de comportamiento social, cuando la libertad, como quería Ciorán, es el derecho a la diferencia, entonces se puede hablar de una sociedad moderna.

En su obra ensayística está siempre patente o latente la idea de la razón crítica y de la libertad, sea en forma explícita proclamada abiertamente en sus textos, o en forma implícita cuando subyace en ellos y desde el fondo de su argumentación los hace presente mediante un sistema de vasos comunicantes hecho de conceptos y palabras.

Octavio Paz explica en muchos de sus libros el fenómeno político, cultural y sociológico de América Latina a partir de la carencia de la razón en nuestra historia, y de la ausencia del siglo XVIII, ilustrado, racional y crítico. Este vacío ontológico, ha sido en la política causa de los caudillos y dictadores que se reproducen en forma cíclica, porque son expresiones de una sociedad pre racional, guiada por una visión mágica y dogmática y por una vocación autoritaria, presente en la familia, en la hacienda, en las relaciones interpersonales y sociales y, por supuesto, en el Estado.

Notable es el estudio de Paz sobre la Modernidad la que a través de sus escritos surge y resurge desde la filosofía, la literatura, la pintura y la política, transformándose en uno de los ejes temáticos más importantes de su vasta obra.

Su pensamiento es imprescindible para entender el siglo XX, para entrever en el destello de sus ideas los arcanos de este siglo XXI y para recordarnos siempre que ante el ideario político, cualquiera que éste sea, se debe asumir una actitud crítica en el buen sentido de la palabra, para entenderlo como lo que es, un pensamiento vivo con sus aciertos y sus errores y no una metafísica embalsamada, pues no hay nada más peligroso que las filosofías y las ideologías políticas transformadas en religiones laicas. En ese camino el debate se muere y solo queda espacio para imprecaciones y exorcismos.

En la iconografía política de nuestro tiempo cargado de idolatría y fundamentalismo, las ideas naufragan víctimas de la intolerancia. Es necesario rescatarlas de esa trampa mortal y aplicarlas correctamente para que sustituyan a los ídolos satanizados y sacralizados de uno y otro lado.

El caso es patético. La idolatría de las ideas no tiene críticos, sólo detractores o adoradores. Por ello, reorientar el falso recorrido del pensamiento y del imaginario político, económico y tecnocrático, que oscila entre heterodoxias y ortodoxias, es labor difícil pero necesaria.

Creo que para este debate de las ideas que debe hacerse, y que en algún sentido ya se está haciendo el ejemplo y la incitación de Octavio Paz serán fuerzas movilizadoras. Dejemos aquí estas líneas escritas como un modesto homenaje a quien fue, tal vez, la voz más alta y el pensamiento más esclarecido de América Latina en el siglo XX.

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