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Noticias >> Opinión
La lluvia de oro
Luis Sánchez Sancho
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Un lector de LA PRENSA y, por supuesto, de esta columna semanal, me pidió que explicara un poco más eso de que Zeus se convirtió en lluvia de oro para hacerle el amor a Dánae, leyenda sobre la cual escribí la semana pasada.

Pues bien, eso fue posible sencillamente porque Zeus era dios y, además, el más poderoso de todos los dioses del Olimpo, que era el lugar donde residían las divinidades principales de la mitología griega. Como dios supremo que era, Zeus podía adquirir la forma que él quisiera, sobre todo en sus incesantes andanzas amorosas.

Pero hablando específicamente de Dánae, ésta era hija de Acrisio, rey de Argos, la misma antigua ciudad sobre la que después reinaría Agamenón, el rey legendario que organizó y encabezó la guerra de todos los pueblos griegos contra Troya.

Acrisio reinó en Argos unas seis generaciones antes que Agamenón, y se alternaba en el poder con Preto, su hermano, porque así lo dispuso su padre, Abante, antes de morir. Acrisio protegía celosamente a su hija Dánae, particularmente de Preto, quien pretendía casarse con su sobrina. Y en todo caso no estaba dispuesto a darla en matrimonio a cualquiera.

Queriendo saber sobre quien podría ser el partido más conveniente para Dánae, Acrisio fue a consultar al oráculo, el que le vaticinó que un hijo de su hija habría de darle muerte. Espantado ante tan terrible predicción, Acrisio encerró a Dánae en lo más alto de una torre de marfil, para protegerla de cualquier relación amorosa y particularmente del asedio de Preto, quien no cejaba en sus intenciones.

Zeus, que todo lo sabía, supo también del cautiverio de la desdichada princesa argiva y se interesó por ella. Cuando la vio quedó prendado de su incomparable belleza, máxime que ella permanecía desnuda en su torre de marfil, cubriéndose con una manta sólo cuando iba a dormir. Decidió entonces Zeus introducirse a la torre en forma de lluvia de oro y de esa manera impregnó el hermoso cuerpo de Dánae e hizo con ella el amor.

Dánae quedó embarazada de la relación amorosa con Zeus y cuando Acrisio lo supo se enfureció, al grado de que quiso matar a su hermano Preto, creyendo que éste de alguna manera había logrado introducirse a la torre donde estaba recluida la joven. Preto tuvo que huir a Licia, donde reinaba su suegro Yóbates, pero regresó más adelante al frente de un ejército para derrocar su hermano.

Cuando nació el bebé engendrado por Zeus en Dánae, al que su madre llamó Perseo, Acrisio los hizo encerrar en un baúl y mandó que fuera arrojado muy adentro en el mar para que murieran y no se cumpliera la profecía del oráculo. Pero sobrevivieron.

El mar llevó el cofre con su contenido humano hasta las playas de una isla llamada Serifa, donde fue encontrado por un pescador llamado Dietas. Dánae y el bebé fueron llevados al palacio del rey Polidectes, quien les dio asilo y crió al pequeño Perseo como si hubiese sido su propio hijo, encargándole su educación a las sacerdotisas del templo de Atenea.

Con el tiempo Perseo llegaría a ser uno de los grandes héroes de la antigüedad, contándose entre sus hazañas la de haber matado a Medusa, la más terrible de las monstruosas Gorgonas. ¡Ah! y también, de manera involuntaria, durante una competencia deportiva mató a su abuelo, Acrisio, cumpliéndose así la fatal profecía que éste tanto quiso eludir.

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