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El último manifiesto político del general Zelaya
Virgilio Gurdián C.
El autor es miembro del Movimiento Vamos con Eduardo. Alianza PLC.
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La mañana del 21 de diciembre de 1909, en sesión solemne de la Asamblea Nacional, el general José Santos Zelaya depositó la presidencia en la persona del patricio liberal doctor José Madriz; al siguiente día, el ex presidente haría público al pueblo de Nicaragua su último manifiesto político, en el que relataba con detalles los acontecimientos de las últimas semanas de su Administración; hacía análisis de la rebelión de las autoridades militares de la Costa Atlántica, con sede en Bluefields, rebelión que ya tenía completamente controlada, dando sus apreciaciones sobre el caso de los mercenarios Lee Roy Cannon y Leonard Grose, quienes habían sido encontrados in fraganti, en delito grave de guerra, pues intentaron dinamitar en las aguas del Río San Juan una embarcación con cientos de nicaragüenses a bordo. Analizaba los efectos de la famosa “Nota Knox”, motivo de su dimisión, pero también estaba consciente el general Zelaya de sus grandes ejecutorias: “Me separo de vosotros dejando al país en medio de las anchas vías de la reforma y del progreso”, decía en su manifiesto. “Quedan como recuerdo de mi Administración…” añadía, haciendo un desglose de las grandes obras en la infraestructura del país, sus logros en la educación, la modernidad en la legislación. Toda la actuación de Zelaya se regía en el marco del nacionalismo, que siempre caracterizó a su gobierno. La reincorporación de la Mosquitia selló la soberanía e integridad nacional. En la víspera de la Navidad de 1909 se embarca el general Zelaya, en el buque de guerra con bandera mexicana “general Guerrero” rumbo a su exilio que llevó con dignidad y decoro. El ex presidente falleció en 1919, y no fue hasta 1930 que retornarían al país sus restos, bajo la Administración liberal del general José María Moncada.

La revolución liberal de 1893, y los siguientes años de la Administración Pública del ex mandatario habían dejado como herencia política un Estado moderno, que rompía esquemas pasados y proporcionaba a la nación los elementos necesarios de transformación acorde con la época; el gran reformador dejaba sembrada la semilla del progreso, la justicia social, el nacionalismo y por ende encendida la llama liberal. Aquella semilla plantada por Zelaya germinaría, y otros gobiernos liberales la abonaron; por ende, Nicaragua a lo largo del siglo XX e inicios del presente, se vería colmada de adelanto económico y social, estabilidad política, relaciones internacionales armoniosas, etc.

Consecuencia de los gobiernos liberales ha sido la construcción de la casi totalidad de la infraestructura del país, tales como la apertura y construcción de carreteras y caminos de penetración; construcción de hospitales, mercados, estadios y centros deportivos, puertos lacustres y marítimos, institutos, escuelas y colegios por doquier; la construcción de la mayoría de los edificios que albergan las oficinas de gobierno; desarrollo de proyectos habitacionales para todos los estratos económicos, con técnica y calidad; desarrollo hidroeléctrico y geotérmico, políticas adecuadas agropecuarias, con abundantes cosechas de granos básicos —el esquema de programa Libra por Libra, planificado y ejecutado con éxito durante la Administración del ingeniero Bolaños, hubiera sido, de haberse continuado por el actual gobierno, fuente de desarrollo agrícola tecnificado y de bajo costo; iniciativa de gobiernos liberales ha sido la abundante legislación de avanzada, difícil de enumerar, pero entre las que se destacan el primer Código del Trabajo, primera piedra de nuestro marco laboral; la Ley Creadora de Seguridad Social, la de protección a la niñez y la mujer, el voto femenino, la primera ley de salario mínimo, la del decimotercer mes, etc.— Fue durante el gobierno del ingeniero Luis Somoza que se otorgó la autonomía universitaria, mediante Decreto Presidencial del 25 de marzo de 1958, acto histórico que contó con el enorme esfuerzo y dedicación del ilustrado rector magnífico doctor Mariano Fiallos Gil, padre de la autonomía universitaria.

Nos encontramos en momentos muy difíciles, pues la actual situación, que colma de oscuros nubarrones el horizonte, ha traído intranquilidad a los hogares nicaragüenses, sobre todo a los más necesitados que ven desilusionados su porvenir. Políticas económicas erradas, desempleo, inestabilidad laboral, canasta básica inalcanzable, peligro en nuestra institucionalidad, asoman por todas partes, agregando a todo esto, lo deteriorado que se encuentran las relaciones con la comunidad internacional, que ponen en riesgo la ayuda que tanto necesita nuestro pueblo para ir saliendo de la pobreza, sobre todo la pobreza extrema.

Con fe en nuestro futuro, asoma como guerrero enardecido el liberalismo que tanto progreso ha dado al país, y hoy, unido desde sus bases y fuerte como antaño, junto a otras fuerzas democráticas, habrá de dar la batalla cívica decisiva en las elecciones municipales de este año, en las que sin duda se ganarán la mayoría de las alcaldías municipales, encabezada por la de Managua, donde el líder de la oposición Eduardo Montealegre desde ya se perfila como candidato triunfador.

El camino está trazado. El liberalismo —el esplendor de su ideario progresista— brilla con sus mejores luces.

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