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El repliegue del comandante Chávez
Alberto L. Alemán Aguirre
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Uribe, con una popularidad de casi noventa por ciento en su patria, llega a la reunión de hoy con aires de ganador y en clara ventaja con respecto a un Chávez de capa caída que atraviesa uno de sus peores momentos.

Los líderes populistas latinoamericanos, supuestamente de izquierda, insultan al “imperio asesino” y sus “lacayos” criollos, pero ante la derrota, parecen ser pragmáticos.

Porque, aunque traguen amargo y se coman su orgullo, no les importa volver a abrazar a los “representantes de la oligarquía” que tanto desprecian si les conviene.

Lo que no se podía imaginar hace un mes, debe suceder hoy. Hugo Chávez recibe a su colega colombiano Álvaro Uribe en un pueblo del noroeste venezolano, en una Cumbre que deberá normalizar las relaciones, maltrechas desde el año pasado.

Uribe, con una popularidad de casi noventa por ciento en su patria, llega con aires de ganador y en clara ventaja con respecto a un Chávez de capa caída que atraviesa uno de sus peores momentos.

Uno de los grandes perdedores del espectacular rescate de Ingrid Betancourt y 14 rehenes más la semana pasada, fue el Presidente venezolano.

Chávez usó el conflicto colombiano para fortalecer sus aspiraciones de liderazgo continental y se presentaba como indispensable para un canje humanitario e interlocutor con las FARC y Europa. Logró la libertad de unos 6 rehenes de la narcoguerrilla, y siguió presumiendo de gran componedor.

La liberación de Ingrid y de los tres contratistas estadounidenses, los secuestrados más valiosos, mandó al diablo todo.

El confuso “socialismo del siglo XXI” casero y el proyecto bolivariano continental están en dificultades. La situación interna y externa del comandante bolivariano se ha deteriorado.

Para Chávez, el camino cuesta abajo comenzó en diciembre, con la derrota de su proyecto de Constitución que le daba poderes absolutos y la reelección perpetua. Fue el primer voto que perdió el chavismo en una década.

La bomba que liquidó al terrorista “Raúl Reyes” en un campamento en Ecuador, también le explotó a Caracas. Los hallazgos en el disco duro de las computadoras del aniquilado “número dos” de las FARC, revelan una red de apoyo político y de millones de dólares a las FARC por Chávez. A pesar de lo mucho que se ha publicado, no creo descabellado pensar en que aún hay muchas cosas más que comprometen al Presidente venezolano, pero que por conveniencia de Uribe y Washington no se han revelado, para que sirvan como arma de presión diplomática.

Esos archivos, autenticados por la Interpol, podrían ser pruebas de un apoyo al narcotráfico y al terrorismo, graves delitos en EE.UU. Aunque suena exagerado, no sería extraño que el fantasma de Manuel Noriega acose el sueño de Chávez.

Sorprendentemente, el comandante llamó hace un mes a las FARC a dejar la lucha armada —vaya, algo en lo que difiere con el dictador cubano—, negociar la paz y liberar a todos los rehenes (en lo que sí coincide con su anciano mentor).

Como loros, sus aliados comenzaron a repetir. Rafael Correa exigió que las FARC liberen a los rehenes sin condiciones; Evo Morales declara que ya no es tiempo de luchas armadas y hasta Daniel Ortega, si bien a regañadientes, tuvo que saludar la libertad de Ingrid y pedir una paz y diálogo en Colombia.

Sin embargo, ayer estaba de nuevo cambiando el discurso. En un comunicado en la OEA, la delegación de Nicaragua expresó desacuerdo con una resolución porque “no aporta los elementos necesarios para el establecimiento de un proceso de diálogo y negociación política” que permita la libertad de los prisioneros de las FARC y de los que están “en poder del Ejército de Colombia”.

Es difícil hallar la lógica, pero es probable que Ortega se esté prestando a ser comodín de un oscuro interés que en este momento no comprendo bien.

Los proyectos políticos de Ortega y Morales tiene problemas serios. En la Bolivia polarizada, cuatro provincias rebeldes organizaron referendos y empujan una autonomía que quita poderes al Gobierno central. En Nicaragua, una parte de la oposición está desafiando al FSLN en las calles, y las encuestas muestran al presidente sandinista por el suelo y una erosión de la base orteguista misma.

Dejando atrás los insultos al “genocida” George W. Bush, o “Mr. Danger”, según su habitual verborrea, y evocando los buenos tiempos de Bill Clinton cuando aún conversaba con el Presidente de Estados Unidos, o cuando desayunaba con el embajador John Maisto, Chávez habló con el embajador estadounidense en un acto del fin de semana y le expresó el deseo de normalizar las relaciones “gane quien gane” las próximas elecciones. Sugirió además, cooperar contra el narcotráfico y el terrorismo. Quién lo diría hace dos meses.

A lo interno, el descontento popular por la escasez de alimentos, la especulación y la carestía —Venezuela tuvo la peor inflación de Latinoamérica el año pasado— han pasado la factura a la popularidad de Chávez.

“Los insultos que dirigió a Uribe fueron durísimos, pero ahora impulsa el acercamiento porque necesita una normalización relativa y probablemente temporal mientras recupera espacio internacional y recompone su imagen internamente”, estimó la profesora Elsa Cardozo, de la Universidad Metropolitana de Caracas. Comparto esta opinión.

En la Secretaría del FSLN deben tomar nota y seguir este crucial encuentro. Si el benefactor del negocio del petróleo ya cambió la seña, ¿qué esperan ustedes?

Analista de temas internacionales.

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