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¿Por qué Ortega es tan violento?
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El presidente Daniel Ortega dijo en un discurso que pronunció en Jinotepe, el martes de esta semana, que no se explica por qué sus detractores lo califican de violento. Y aseguró con desparpajo que los violentos son quienes lo critican y se oponen a su Gobierno, o sea las víctimas de sus agresiones verbales, políticas, policiales y judiciales.

Cabe señalar al respecto que diplomáticos extranjeros que representan a gobernantes amigos del gobierno sandinista de Nicaragua nos han dicho que debemos comprender al presidente Ortega, porque su temperamento complicado se debe a las condiciones duras y sacrificadas en las que se formó como dirigente revolucionario. No es lo mismo, dicen, la situación de personalidades de izquierda como la presidenta Michelle Bachelet, de Chile, o el presidente Tabaré Vázquez, de Uruguay, quienes se formaron como líderes de izquierda en las universidades y por medio de los libros, que el caso del presidente Daniel Ortega que formó su carácter revolucionario en la cárcel, en la clandestinidad y en el fragor de la lucha armada.

En realidad, no es difícil entender esa diferencia y comprender la personalidad del presidente Ortega. Más aún, hasta se puede ser compasivo con él, pues seguramente la dureza del presidio, las angustias del clandestinaje y los peligros de muerte en la guerra, le causaron profundas heridas sicológicas.

Pero comprenderlo no significa tener que soportar que gobierne el país según sus conflictos de personalidad. Como gobernante del Estado el señor Daniel Ortega está obligado a dominar sus emociones, a controlar sus pasiones, a someter sus instintos, a comportarse con educación y dominio de sí mismo. Así es como debe actuar toda persona que desempeña la delicada responsabilidad de gobernar un país.

Por cierto que el mismo martes de esta semana, el canal de la televisión española Antena 3 que se ve en Nicaragua por medio del sistema de cable, transmitió una entrevista con el Presidente del Gobierno de España, el líder socialista José Luis Rodríguez Zapatero. Entre muchas cosas interesantes el presidente Rodríguez Zapatero dijo que él a veces pierde la paciencia y se enoja, pero no lo demuestra nunca ni siquiera ante las personas que son sus colaboradoras más cercanas y de mayor confianza. Como Presidente de España por elección popular, tengo la obligación de dar el mejor ejemplo en cuanto a comportamiento y conducta personal, dijo más o menos literalmente el gobernante socialista español, algo que está muy lejos de lo que lamentablemente ocurre en Nicaragua.

Pero el correcto comportamiento personal no sólo es o debe ser propio de la persona —de izquierda o de derecha— que se educó en la escuela y se formó en la academia universitaria. La buena conducta tiene que ser una norma para todo aquél que aspire a gobernar un país y recibe el mandato popular de gobernarlo.

Un individuo que no controla sus emociones, ni domina sus pasiones, ni puede superar los traumas de una vida personal conflictiva, dura y violenta, sin duda que debe merecer la comprensión y hasta la compasión de los demás, como hemos dicho antes, pero no merece la confianza ni la responsabilidad de gobernar el país.

Dos eminentes profesionales argentinos especialistas en problemas de violencia y personalidad, los doctores Marcos Berstein y Jorge Ruffo, explican con absoluta claridad que “la violencia es una fuerza destinada a sojuzgar a otros para el beneficio y la satisfacción del deseo de uno. Amenaza la existencia del otro y apunta a lograr que el otro ceda y se adapte a uno. La violencia apunta a tener al otro bajo control. Los otros dejan de ser semejantes y se transforman en instrumentos para usar, o en enemigos a los que hay que destruir. Puede ser una respuesta de aquellos que se sintieron abandonados por una violencia familiar o social. Quienes fueron maltratados y sojuzgados buscan repetir la situación invirtiéndola”. (Marcos Berstein y Jorge Ruffo: Por qué la sociedad es violenta. La Nación, Buenos Aires, 8 de julio de 2008).

Más claro que con esa explicación no se podía haber retratado psicológicamente a Daniel Ortega, a quien, repetimos, se le puede y debe comprender pero no existe la obligación de soportar. Y ya que una minoría de nicaragüenses insensatos lo eligió para gobernar el país durante cinco años, hay que prepararse para que cuando termine su mandato se le pueda sustituir con alguien verdaderamente capacitado para ser Presidente de Nicaragua y de todos los nicaragüenses.

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