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Kung Fu Panda
Los panda panzones también saben kung fu
Moisés Martínez
DON VITO
revista@laprensa.com.mi
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Po es un oso panda panzón, fofo y torpe, y por eso encanta a todo mundo. Como le pasa a millones de seres humanos, cuando está nervioso le da por comer con desesperación.

Extrañamente, por alguna razón que no se preocuparon en aclarar, su padre es un pájaro, (aunque en realidad a los niños les vale un pito esos detalles) quien ansiosamente busca que su regordete hijo esté listo para asumir el restaurante familiar. Pero un accidente, aunque los maestros del kung fu digan que los accidentes no existen, convierte a Po en el elegido para defender el Valle de Paz.

La cinta es básica. Asume todos los clichés de las cintas infantiles. Personajes tontos y simpáticos, comedia física (golpes, grandes caídas, cuerpos quemados, muchos gritos). Es algo así como asistir a la vieja escuela de los pequeños cortos de los Loony Tunes que por décadas han hecho reír a chicos de ayer, hoy y seguro lo harán con los de mañana.

Al mejor estilo de una sopa de tallarines hecha por el mismo Po, agréguele como sazón divertidos diálogos y finalmente degustará una buena película que supo explotar lo mejor de los viejos trucos para entretener a chicos y grandes.

Queda lejos de su genial competencia animada; Wall*E. La cinta de Pixar es revolucionaria y encierra mensajes con un contenido tan denso que donde menos uno pensaría encontrarlo es en una cinta para niños. Fue tan bien elaborada que dichos mensajes seguro ayudarán a crear nuevas y mejores conciencias, más que cualquier sesudo documental sobre la acumulación de la basura.

Los mensajes de Kung Fu Panda son los mismos de siempre, que no por eso dejan de ser válidos. Consejos que parecen sacados de una galleta de la fortuna o se leen en el empaque de cualquier chicle de a peso. Ustedes saben, cosas básicas como que no hay una fórmula secreta para lograr tus sueños, sólo esforzarte y creer en ti mismo.

Pero el panda cumple con su misión. Además de sostener la película y recibir unos buenos golpes en el proceso, divierte mucho más que los disparejos personajes de Madagascar (a excepción de los pingüinos) y los cansones enredos de Shrek 3, por mencionar dos de los productos recientes de DreamWorks.

Tal vez no sean tan exquisitamente inteligente como los trabajos de Pixar, pero han mejorado. Además, contaban con la ventaja de que no hay niño que no adore a los pandas, más si es bonachón, tonto y ¡ah!, maestro del kung fu. Ni el mismo Po pudiera preparar una sopa de risas mejor.

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