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Noticias >> Opinión
Soplan vientos de servicio militar obligatorio
Fernando Avellán M.
El autor es director de Radio 15 de Septiembre
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La amenaza vertida por el presidente Ortega de aplicarnos el “acero de la guerra” si seguimos resistiéndonos a sus disparates es una advertencia que debemos tomar con la seriedad del caso, sobre todo por venir de alguien que está demostrando con hechos querer llevarnos una vez más por el camino del totalitarismo ahora disfrazándolo de socialismo del signo de Chávez, aventura que tanto sufrimiento y sangre costó a nuestro pueblo en la década de los ochenta. Creer que las amenazas de Ortega son solamente arengas de tarima es lo peor que podemos hacer. Sobre todo porque en esta ocasión cuenta con el apoyo de Arnoldo Alemán, quien con sus incondicionales en los diferentes poderes del Estado, le ayudan a disfrazar de legalidad todas las aberraciones que se están cometiendo en contra de la oposición indefensa por la carencia de un estado de derecho.

El chantaje, la amenaza, el soborno y la manipulación son armas que el danielismo usa para su beneficio contra aquellos líderes que osan oponérsele, ya sean éstos políticos, religiosos o empresariales. Cuando en mil novecientos noventa se firmaron los acuerdos de paz, acuerdos que culminaron con la victoria electoral de doña Violeta Barrios de Chamorro, en ese momento creí que jamás volveríamos a matarnos entre hermanos.

Es por ello que cuando el presidente Ortega declara sin rubor alguno que vamos hacia un modelo diferente de democracia (Parlamentarismo), tenemos que ver su entorno y cuantificar sus posibilidades reales de lograrlo. El treinta y ocho por ciento que según las malas cuentas del CSE fueron los que votaron por Ortega, no son suficientes para conculcarnos nuestro demostrado deseo de vivir en paz y progresar en democracia. En la década de los ochenta, Ortega se escudaba detrás de un ejército sandinista que en algún momento llegó a contabilizar más de doscientos mil hombres, que sumados con los jóvenes que obligadamente llevaron al servicio militar, sobrepasaban los cuatrocientos mil hombres sobre las armas.

En esta ocasión en pleno siglo veintiuno, tenemos un ejército que hasta la fecha ha dado indicios de ser un cuerpo castrense que respeta la Constitución y que no se dejará manipular por aprendices de dictadores. Pero asumamos que Ortega los obliga a servir a sus intereses con halagos, presiones o por cualquier otro motivo. En la actualidad nuestro ejército cuenta con alrededor de diez a once mil hombres. Con no más de ocho mil en disposición combativa, si a esta cifra le agregamos a la Policía Nacional. Cuerpo en el que, algunos mandos desafortunadamente comienzan a dar signos de no tener la misma independencia institucional que nuestro ejército. Éstos no sobrepasan los cinco mil, lo que nos daría un total de doce mil hombres con capacidad y disponibilidad combativa; en el peregrino caso que Ortega los quiera usar para reprimir al pueblo. Igual como lo hizo él y Somoza. Con ese número de hombres el presidente Ortega tendría forzosamente que reeditar el tristemente célebre Servicio Militar “obligatorio” para una vez más tratar; aunque sin posibilidades de éxito alguno, conculcar nuestro inclaudicable espíritu de vivir en democracia.

Para finalizar quiero recordarle a nuestro pueblo las palabras del presidente Maderos cuando en la ciudad de Veracruz dijo: “El problema de las revoluciones es que luego los revolucionarios le cobran bien caros sus servicios a la patria”.

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