Washington (AIPE)— ¿Sabe usted que sin especuladores costarían más los alimentos y las medicinas? Muchos congresistas están a la búsqueda de “los malos” que causaron que se disparara el precio de la gasolina. Parece que los congresistas no tienen espejo retrovisor, ignoran la historia y empeoran la situación.
Existen mercados de futuro, donde las partes acuerdan el precio y se comprometen a vender o a comprar —en una fecha futura determinada— cierto producto, activo o moneda. Hay mercados de futuro en casi todos los alimentos, metales y productos energéticos. Así es posible comprar o vender bienes a entregarse en una fecha determinada. Tales mercados se desarrollaron hace dos siglos y son tan importantes para la economía mundial porque permiten a productores y consumidores fijar hoy un precio, eliminando el riesgo de aumentos o caídas en el precio.
Tomemos el caso de un productor de maíz que puede cosecharlo este año a un costo de 5 dólares la fanega, siendo actualmente el precio 7 dólares. Entonces, una ganancia de 2 dólares por fanega hace que el maíz sea la cosecha más lucrativa. Pero el agricultor teme que muchos otros siembren maíz también, lo que puede causar una caída del precio. Si el precio baja a 3 dólares significaría la quiebra de su finca.
Felizmente existen los mercados de futuro que lo protegen de una fuerte caída del precio; así el agricultor coloca ya parte de su futura cosecha. Al mismo tiempo, los fabricantes de cereales para el desayuno temen que siga aumentando el precio del maíz, razón por la cual compran a futuro cierta cantidad. De esa manera, tanto el vendedor como el comprador, aseguran cierta cobertura. Y hay muchos especuladores que aportan liquidez al mercado y asumen las diferencias que pueden existir entre vendedores y compradores a futuro.
Lo mismo se aplica al petróleo. Un productor pequeño sabe lo costoso que es perforar nuevos pozos que producen poco y requieren altos precios para cubrir los costos. Entonces el productor procede con la inversión solamente si logra vender a futuro su producción, a un precio que le permite ganar dinero.
Los políticos acusan a especuladores por el alto precio de la gasolina, pero si tales especuladores no existieran por la imposición de nuevas regulaciones, caerían las exploraciones y las nuevas perforaciones, lo mismo que la fabricación de barcos para transportar el petróleo adicional.
El precio del petróleo es mucho más alto de lo que sería si predominara un mercado libre y privado, pero 88 por ciento de las reservas petroleras del mundo pertenecen a empresas estatales, casi todas en países miembros de la OPEP. Mucho de ese petróleo podría ser producido en Estados Unidos y en otros países si los gobiernos no lo prohibieran en sitios como Alaska y en las costas.
Los especuladores no son el problema, sino que forman parte de la solución, al lograr reducir el riesgo asumido por los productores. El problema son los gobiernos y la próxima vez que usted oiga a un político despotricar contra los especuladores, recomiéndele que se vaya a su casa a leer un buen libro sobre principios económicos.