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La vida es sueño
Danilo Arbilla
El autor es periodista uruguayo
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París. Hasta el Arcángel San Miguel, que

preside la pequeña plaza junto al Sena, amaneció el lunes 30 de junio con la bandera amarilla y roja en su alzada mano izquierda. El vencedor de Satanás se adhirió así, por obra y gracia de los eufóricos simpatizantes españoles, al triunfo de éstos en la Eurocopa.

En España han sido días de titulares y entusiasmo desorbitados, como si hubiera sido el primer torneo de la historia. Es que el futbol (soccer) es pasión y las reacciones que genera no dan para análisis con mente muy fría. Ello es lo que justifica, por ejemplo, que se diga, hasta en grandes avisos publicitarios, que “hemos dado una lección a Europa”. Como si no hubiera tenido que esperar 44 años para obtener la copa continental por segunda vez, y como si en ese período no la hubiera logrado ninguna otra nación del viejo continente. A los españoles eso también les pasa cuando hablan de democracia y libertad, de derechos humanos y de tolerancia. Olvidan que la historia española no es muy rica en esas materias —de las menos ricas— y que su aporte a la humanidad en esos campos ha sido, a lo largo de siglos y milenios, bastante magro.

Pero el hecho es que a partir del momento en que eliminaron por penales a Italia —aventando un fuerte complejo al que llamaban pudorosamente maleficio—, y tras el triunfo contra Rusia, en España no se habló de otra cosa. Previo a la final y luego de vencer nada menos que a los alemanes, prácticamente no ha existido otro tema. Se trata de un legítimo desborde de alegría y orgullo, que a la vez permite olvidar, aunque sea por unos días otros asuntos no tan alegres. Temas como el desempleo y la coyuntura económica que, según las encuestas, preocupan a más de la mitad de la población (52 por ciento) y alimentan el pesimismo creciente que se ha apoderado de los ciudadanos españoles en este 2008.

En las vísperas del enfrentamiento deportivo definitorio la institución financiera “la Caixa” cubrió de publicidad los medios con un “Si esto es un sueño… que nadie nos despierte”, para coronarlo al día siguiente de la final con un “Despierta, esto no es un sueño. ¡Somos campeones!”

Pero con el despertar vienen otras cosas no tan reconfortantes.

Las cifras del primer semestre implican muchos goles en contra. La Bolsa española cerró ese período con una caída de casi el 21 por ciento. El peor momento en 135 años de historia. La inflación alcanzó un guarismo récord del 5.1 por ciento y se ubica un 1.1 por encima del promedio (4 por ciento) en la zona euro. Y esa escalada se da con un freno en el consumo y estancamiento e incluso retroceso de la actividad. En este segundo trimestre la economía creció menos del 0.3 por ciento y si en el año supera el 1.5 por ciento lo tendrán que festejar mucho. Las ventas de vehículos se redujeron más del 30 por ciento en junio. Se pararon también las ventas de viviendas nuevas y sus precios bajaron por primera vez en los últimos 17 años.

Por si faltara poco los vascos resolvieron hacer un plebiscito por más autonomía. Zapatero, como Evo Morales en Bolivia, dice que no es constitucional. Se opone a la consulta popular.

La Eurocopa puede hacer olvidar la realidad sólo por un rato. Hay quienes ya hablan de “stanflación” y otros vaticinan el reviente de la burbuja inmobiliaria con consecuencias imprevisibles. Nadie ignora la crisis, salvo el presidente Rodríguez Zapatero, que dice que eso es “opinable”. No se lo creen ni sus propios correligionarios. Aunque el insiste en que “lo mejor está por venir”.

Probablemente prefiera afiliarse a la teoría de que “toda la vida es sueño” del infeliz Segismundo de don Pedro Calderón de la Barca, pero obviando su inmediata conclusión de que “los sueños, sueños son”.

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