España se encuentra en la cima del mundo deportivo luego del triunfo de Rafael Nadal en la final de Wimbledon y la coronación de su Selección de Futbol en la Eurocopa.
En un plazo de siete días, España enterró sus dos pesadillas deportivas. Primero, la “Roja” ganó la final de la Euro el 29 de junio contra Alemania, y el domingo pasado, Nadal derrotó a Federer en cinco épicos sets en Wimbledon.
“Hay siglos en los que un país no está para nada y, en cambio, semanas como la pasada en las que se sacude de golpe los complejos más arraigados”, escribió Javier Romano, un columnista del deportivo Marca.
De hecho, los triunfos españoles en futbol y tenis encabezan la lista de improbables logros deportivos. Y no porque España sea mala en esos deportes, sino porque siempre ha fracasado a pesar de ser tan buena.
La Selección española de Futbol ha tenido a algunos de los mejores jugadores del mundo durante años, pero no ganaba un torneo importante desde 1964, cuando organizó la Eurocopa. Tampoco han escaseado las estrellas de tenis, pero el país no producía un campeón de Wimbledon desde 1966, cuando Manolo Santana derrotó a R.D. Ralston en la final.
En esa época, el general Francisco Franco todavía gobernaba con mano dura en España y el país estaba en la ruina económica, aislado del resto del mundo desde su guerra civil en la década de 1930.
Ahora, España es una democracia en apogeo con la octava economía más grande del mundo. Sus ciudades y playas están abarrotadas con turistas de todo el mundo, y las páginas de sus diarios y revistas están repletas con noticias de sus estrellas internacionales del cine como Javier Bardem y Penélope Cruz.
La transformación del país en un coloso del deporte ha sido igual de extraordinaria.
España cuenta con dos de los clubes de futbol más importantes del mundo, Real Madrid y el Barcelona. Su equipo de básquetbol es campeón del mundo, y también es hogar del astro de los Lakers de Los Ángeles, Pau Gasol, del bicampeón de la Fórmula Uno Fernando Alonso, y del campeón del Tour de Francia del 2007, Alberto Contador.
Los triunfos en futbol y tenis provocaron un frenesí público, con celebraciones en las calles después de la Eurocopa y columnistas debatiendo esta semana si Nadal es la máxima estrella deportiva en la historia del país.
Finalmente prevaleció la razón, y la mayoría de los cronistas dijeron que probablemente es muy pronto para colocar a Nadal por encima de Miguel Induraín, el pentacampeón del Tour de Francia.
Sin embargo, para el español común y corriente, que tiene que lidiar con una baja en el mercado inmobiliario, el aumento en el precio del combustible y de los alimentos, y el creciente desempleo, las victorias significaron una oportunidad para celebrar sin preocupaciones.