Querida Nicaragua: se están llenando páginas enteras y se seguirán llenando en el futuro sobre el caso del secuestro de Ingrid Betancourt. Este es el tema obligado como noticia y el más conmovedor de los últimos tiempos. La historia la conocemos todos, pues ha sido amplísima su divulgación, pero no termina de sorprendernos la manera espectacular en que se llevó a cabo el rescate de Ingrid y de otras catorce personas secuestradas por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), incluidos tres ciudadanos norteamericanos. Ingrid sufrió lo indecible en seis años y medio de retención. Sus declaraciones a la prensa colombiana ofrecen detalles dramáticos de una prisión selvática en la que permaneció largos años encadenada como si estuviéramos en los tiempos bárbaros de las guerras de la historia antigua.
En realidad las llamadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia siempre se distinguieron por su total irrespeto a los derechos humanos, no sólo en Colombia sino que en cualquier otra parte.
Estos señores han sido durante cuarenta años la plaga tenebrosa que ha inundado de drogas a todo el continente, principalmente a Estados Unidos y Europa. Son los pervertidores de la juventud, fomentadores de los vicios que hoy en día degradan a gran parte de nuestros jóvenes.
Crueles y sanguinarios han asesinado a miles y se han matado entre ellos mismos sin el menor rubor. Han sometido a la esclavitud a poblaciones enteras, han corrompido gobiernos, comprado candidatos, sobornado funcionarios, etc., etc.
Y es a estos forajidos, para quienes el fin justifica los medios, a quienes el gobierno colombiano y sus fuerzas armadas les han dado una enorme lección de humanismo. Les han montado un operativo sin disparar un solo tiro, respetando la vida de todos, la integridad física de los propios miembros de las FARC. Es decir, que el gobierno colombiano demuestra con hechos que no quiere violencia de ninguna clase, que quiere realmente la paz. La narcoguerrilla en cambio ha demostrado siempre que lo que quiere es el terror, la angustia, la zozobra al secuestrar a personas inocentes.
No hay duda de que se agiganta la figura política del presidente Uribe. Si tenía un 80 por ciento de opinión favorable, ahora estará en la cima de la simpatía popular. Pero, como hombre patriota y sensato no debería aspirar a un tercer período. No sería sano para la democracia y quien se lo aconseje le estará haciendo un flaco favor. Esta es la hora de Uribe, quien puede pasar a la historia como un legítimo patriota democrático. Si pretende aferrarse al poder, si lo marea el triunfo, la historia se lo cobrará.
Pienso que si Ingrid Betancourt es un personaje político que trabajaba por su candidatura a la Presidencia cuando fue secuestrada por las FARC hace seis años y medio, si ha sufrido ahora el calvario del secuestro en tan lamentables condiciones, si ha sufrido tanto y ha recuperado su libertad y es hoy una figura que trasciende las fronteras colombianas, le corresponde casi por derecho propio el privilegio de servirle a su nación desde la Presidencia de la República.
Ingrid es hoy en día una figura de proyección mundial, con enorme simpatía tanto en América como en Europa y sería la candidata ganadora frente a cualquier contrincante.
El presidente Uribe, como buen estadista, seguramente lo ha pensado. Ha llegado la hora de que una mujer ocupe la Presidencia de Colombia. Y ninguna mejor que la heroica y sufrida Ingrid Betancourt.