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Los inmigrantes en Europa
Alfredo González Holmann
El autor es máster en Administración de Empresas
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Desde hace años los países de la Unión Europea venían dialogando para establecer una política común para el trato con los inmigrantes indocumentados, labor que recientemente culminó con la aprobación de una ley por su Parlamento.

Dicha noticia ha tenido repercusiones en todo el mundo, los presidentes centroamericanos emitieron una declaración, manifestando: “Que sentían una profunda preocupación ante la reciente adopción de la directiva relativa al entorno de los nacionales de terceros países, por las implicaciones violatorias que dicha decisión tendría para los derechos humanos y la dignidad de las personas…”. Declaraciones semejantes se dieron en todos los países latinoamericanos.

No cabe ninguna duda que la actual emigración latinoamericana hacia Europa es un problema serio, como también lo es hacia Norteamérica. Si tomamos en cuenta que más del 50 por ciento de los latinoamericanos desean emigrar, ya no estamos en presencia de un problema sencillo, es una serísima desorganización lo que existe en nuestras sociedades.

En mi opinión, la protesta de los presidentes centroamericanos no es acertada porque se concentra en el problema presente y no en el origen del problema, perdiéndose así la oportunidad de encontrar soluciones verdaderas. Esas declaraciones no son más que el rancio populismo tradicional al que estamos acostumbrados. A nadie realmente están protegiendo, nada resuelven mientras persiste y se agrava el problema.

Para solucionar profesionalmente cualquier complicación, forzosamente se tiene que hacer un diagnóstico, al igual que lo hacen los médicos para curar enfermedades. Puntual, certero y científico, siempre utilizando la razón.

Las personas que emigran hacia las sociedades prósperas no van primordialmente en busca de educación o de salud, van con el propósito claro de conseguir un empleo, cualquiera que sea, con tal de lograr un ingreso con el cual puedan vivir dignamente ellos y sus familias, oportunidad que no pudieron obtener en su país natal, pues de tenerla no migrarían a tierra extraña.

En su protesta los presidentes expresan que la medida va en contra de los derechos humanos y de la dignidad de las personas, lo cual es cierto, pero también es cierto, que a los inmigrantes, la sociedad que los engendró y que los presidentes hoy lideran, antes de que emigraran les violó a ellos, y a los miles que no pueden emigrar, sus derechos y dignidad humana al no haberles permitido encontrar un trabajo digno en su Patria. Este es el origen del problema y es lo que debemos solucionar.

Tanto la Unión Europea como la norteamericana se están protegiendo, debido a que su sistema no puede absorber millones de inmigrantes, que son el mismo número que buscará empleos, ya que, aunque tengan abundancia, su economía también tiene limitaciones.

Nos guste o no, la violación de los derechos humanos de los latinoamericanos ha sido sistemática desde los albores de la colonia hasta el presente. Por este hecho es que, en parte, Latinoamérica siempre ha sido pobre y subdesarrollada y el éxodo de sus habitantes continuará hasta que cambiemos la forma de conducir nuestras sociedades, hasta que dejemos de ser fabricantes de miseria. Tenemos siglos de andar cabalgando en contra de la razón.

Protestar contra la libertad que tiene cada nación de establecer políticas migratorias para proteger sus propias sociedades es un acto de inmadurez, pues es pretender que otros asuman nuestras responsabilidades. En todo caso, son los europeos los que deberían demandar a los líderes de los países subdesarrollados por violar los derechos humanos de sus propios conciudadanos y quizás así comencemos a ver la luz de la libertad, nos desatolondremos y comencemos a cabalgar en pro de la razón.

Si los presidentes realmente quisieran proteger los derechos de sus conciudadanos, lo que deberían hacer es pedir a los europeos que nos elaboren una guía de cómo lograr una mejor prosperidad en Latinoamérica, según los pasos que ellos siguieron, que les ha permitido obtener su desarrollo actual, donarnos cuantiosas sumas de dinero para subsistir y del que se han beneficiado los millones de inmigrantes que ya han aceptado en sus propios países.

Cada presidente, cada líder debería comprometerse a que esta visión se imparta como materia en todas las escuelas de Latinoamérica. Todos deberíamos acatarla como mandamiento para conseguir cohabitar en armonía, con nuestros conciudadanos primero y luego con los europeos y los norteamericanos, es decir todos. Simultáneamente, el populismo lo tiramos al basurero de la historia y lo sustituimos por el uso de la razón y la libertad y así comenzaremos a dejar de violar los derechos humanos de nosotros mismos.

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