La ex rehén colombo-francesa Ingrid Betancourt declaró ayer que los médicos la habían “colmado de buenas noticias” sobre su salud, a la salida de un hospital militar parisino, donde fue sometida a pruebas médicas.
“Los médicos me han colmado de buenas noticias. Durante todos esos años tuve una serie de preocupaciones (por la salud). Ahora, felicidad total”, declaró a la cadena de televisión pública France 3.
La ex rehén, cuyo rostro mostraba señales de cansancio, dijo estar “muy, muy sorprendida” de no tener secuelas físicas después de seis años y cuatro meses de cautiverio en manos de la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en la selva.
“Ahora voy a ser muy razonable y voy a seguir realmente todas las indicaciones de mis médicos. Además, quiero tomarme tiempo para vivir de verdad esta felicidad con mis hijos. Este descanso es un descanso con el que sueño”, declaró Ingrid Betancourt, quien añadió que en estos momentos se siente “descolocada”.
SECUELAS PSICOLÓGICAS
La euforia, la evaluación de los años privados de libertad y el reajuste a la nueva vida familiar marcarán el proceso de recuperación de los rehenes de las FARC recién liberados, entre los que Ingrid Betancourt aparece como mejor situada para superar las secuelas psicológicas del cautiverio.
La ex candidata presidencial “ha sido el símbolo de lo que significan muchos años de secuestro”, recordó la psicóloga Darcy Lucía Nieto, lo que le da un “valor diferente a todas las secuestradas políticas de menor rango”.
Aunque la recuperación de cada uno tiene “diferente intensidad y diferente tiempo” pese a que todos han pasado por lo mismo, “ocupar y recuperar el tiempo perdido es una forma de salir adelante”.
Y esto Betancourt lo ha demostrado en las primeras 48 horas de libertad, en las que ha desplegado una actividad frenética de encuentros familiares y citas con los medios de comunicación. También ha participado en los actos que el Presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, ha consagrado a esta colombiana con nacionalidad francesa.
Olga Gómez, directora ejecutiva de la organización no gubernamental País Libre, que lleva 16 años dando ayuda psicológica a las víctimas de secuestros y a sus familias, señaló que para los ex rehenes recuperar el pulso de la vida será un proceso lento y penoso que durará hasta dos años.
Trastornos traumáticos como el insomnio, el miedo a que vuelva a suceder, o cambios en los vínculos afectivos, son algunos de los problemas que enfrentan las víctimas.
Según Gómez, “hay muy poca vida privada en los primeros dos meses y medio”.
Después llegará la fase de “evaluación”: saber con qué se quedan, qué han perdido, cómo se ha transformado la familia.
Lo más duro llega a partir del “cuarto o quinto mes” en libertad, con el “reajuste” a la nueva vida y la reinserción laboral”, añadió.
Todo dependerá de la personalidad de cada uno y de la “historia previa”, como la tendencia depresiva, los problemas conyugales o las fisuras familiares, la situación económica y sobre todo de la posibilidad de reinsertarse en el mundo laboral o profesional. Y esto Ingrid Betancourt, lo tiene asegurado.