publicidad
Managua, 11:30 am | 09/11/2009
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Última Hora
El cabo del Ejército colombiano, William Pérez narró hoy su penurias durante el tiempo que estuvo secuestrado junto a Betancourt por miembros de las FARC. (LA PRENSA /AFP)
Ex rehén narra penurias durante cautiverio de FARC
Vivian Sequera
AP
publicidad

BOGOTA. - El cabo primero del ejército William Pérez dice que de vez en cuando extraña comer papaya. Pero durante sus años en la selva se acostumbró a comer frutos silvestres cuyos nombres desconoce.

"A veces pensaba en comer papaya, pero la verdad no pensaba mucho en eso, era en estar libre, en libertad", dijo este jueves Pérez, de 33 años, en entrevista telefónica antes de entrar al hospital militar de la ciudad donde él y otros seis militares serán sometidos a exámenes tras ser rescatados la víspera por el ejército de su cautiverio a manos de las rebeldes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Pérez, cuarto de seis hermanos, estudió enfermería tras ingresar a las filas castrenses en septiembre de 1994. Pero nunca pensó que ese año de estudios en el hospital militar le serviría tanto.

Tras un masivo ataque de las FARC a un puesto militar en el sur del país el 3 de marzo de 1998, Pérez quedó cautivo.

Empezó entonces una rutina de levantarse a las 5 y media de la mañana, la hora en que los rebeldes despiertan a sus secuestrados, y se tomaban un café. A las seis les daban como desayuno una arepa, y luego pasaban a hacer una hora de ejercicios físicos.

Después oían la radio y esperaban un almuerzo "de arroz, pasta y lenteja. Ese era el menú...quizá por ahí 15 veces al año un poco de carne, o vegetales", dijo.

"Pero, fruta, qué fruta? Eso no se da por allá (o sea las frutas no crecen en la selva) y lo que hacíamos era coger frutos silvestres, que ni sé" como se llaman, aseguró.

Las jornadas transcurren en un largo aburrimiento interrumpido por las marchas para cambiar de campamento a campamento.

Y varios ex secuestrados conservan de esas jornadas sus peores recuerdos: estar encadenados por el cuello y sin botas para caminar.

El 20 de julio del 2005, "a raíz de un intento de fuga de Ingrid (Betancourt) y de Luis Eladio (Pérez, un ex congresista liberado el 27 de febrero) nos quitaron las botas, nos encadenaron, de noche una cadena para dos (rehenes), por el cuello, de día era a un árbol", relató Pérez.

Aquellos estudios de enfermería le sirvieron para ayudar a otros rehenes como Betancourt, a quien llegó a alimentar dándole la comida en la boca o colocándole sueros por tener fiebres altas, quizá debido a hepatitis.

Los rehenes normalmente pasan el día oyendo la radio y conversando, hasta que se acuestan cerca de las seis de la tarde, relató el cabo primero.

Pérez, quien nació en Río Hacha el 21 de mayo de 1975, dijo sentirse bien de salud y ha declarado a los medios locales que desea regresar a las filas.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda