¿Qué dirá?
¿Qué pensará el presidente Daniel Ortega en su más íntima conciencia, sobre la liberación de la colombiana Ingrid Betancourt? Es posible que nunca lo sepamos, pero sí es probable que lo oigamos decir frases como éstas: Que fue “una operación del Imperio contra unos hermanos que cuidaban de la vida de esta mujer para que no la asesinaran las fuerzas oligarcas de Colombia”. O que “no hubo tal rescate, porque justo en ese momento las FARC estaban camino a liberarla cuando el ejército con alevosía y ventaja se las quitó de las manos…” ¿O se quedará callado esta vez y dejará de actuar como el vocero oficioso de las FARC? No sabemos. De Ortega podemos esperar todo, incluso que en medio de su aguda bipolaridad felicite al presidente Uribe por llevar a sana y salva a su hogar a “esta hermana revolucionaria”.
Gana Uribe
El que se ha enredado por completo con el asunto FARC es el Presidente venezolano Hugo Chávez. Fracasó estrepitosamente cuando quiso asumir el papel de mediador. Luego se vio en apuros cuando de la computadora de Raúl Reyes comenzaron a salir —como conejos del sombrero de un mago— correos que lo mostraban implicado hasta el cuello con ese grupo armado. Y ahora, Álvaro Uribe le arrebata de las manos a Ingrid Betancourt, la única carta que podía limpiarle un poco la cara, si las FARC decidían liberarla a través suyo. Uribe 3, Chávez 0. Vamos al medio tiempo…
Señores de la guerra
Ya veremos con los hechos si la paz está más cerca de Colombia con un operativo de esta forma, o con las soluciones que el socialismo del siglo XXI estaba proponiendo. Yo, la verdad, tengo mis serias dudas de las intenciones de paz que pregonaban Chávez y Ortega. Hay una razón sencilla: a Chávez le convenía el conflicto. Una Colombia en paz y prosperidad es un mal ejemplo para su revolución bolivariana. Y de Ortega, ¿cómo creerle que estaba preocupado por la paz de ese país, si todos los días atiza en Nicaragua el conflicto, que podría llegar a expresiones violentas, y que parece ser el terreno en que él cree que puede jugar mejor.
Doble daño
Lo peor que podía suceder está sucediendo. El “caso Cenis” no merece echarse a perder en el albañal político. Ahí hay mucho dinero público perdido y muchas culpas por pagar. Si el Frente Sandinista insiste en utilizar el caso como arma política para acomodarse mejor en el juego electoral, está multiplicando el daño al país: uno, porque al juzgar los delitos con criterios políticos nunca sabremos con certeza quién es inocente y quién culpable; y dos, porque deja abierta la posibilidad de que ocurran saqueos al erario bajo la premisa de que, pase lo que pase, siempre se podrá negociar en la mesa política.
Investigación
El Consejo Supremo Electoral tiene la pieza clave para una investigación que, si ellos quieren, podría revelar la forma cómo se trafica con cédulas. Tienen un número de solicitud de cédula: 049052981, un nombre: René Alberto Gutiérrez Pastrán, y dos pistas para empezar: Genaro Lugo y Félix Navarrete. ¡Es una investigación tan fácil! El problema es que jalando de esa madeja, se podrían “enterar” que también hubo pasaporte para el FARC, que hubo partida de nacimiento y tal vez muchas más cédulas… Y es probable que no se quiera que eso se sepa…
Cargo equivocado
¿Han oído a Omar Cabezas hablar en televisión? “Y es que el guevón de fulano de tal… Y vienen las locas (homosexuales) a decir (fingiendo la voz): Ay, contra mí no pueden decir nada…” ¡Este señor es el Procurador de Derechos Humanos de la República! Ni siquiera se le pide que exhiba una cultura que no tiene, sino que al menos respete los derechos humanos de las personas que no piensan como él. ¡Cómo hace falta don Benjamín Pérez en esa Procuraduría!