No se necesita ser economista para darse cuenta de que en Nicaragua todo tiempo pasado fue mejor y que al paso que vamos, si no cambiamos el rumbo, el país avanza hacia un despeñadero.
Un reciente informe señala que el crecimiento económico esperado para este año será de un 2.5 por ciento, o sea prácticamente cero, si tomamos en cuenta que el crecimiento de la población lleva el mismo ritmo.
Que la inflación para este año será de más del 20 por ciento, lo que significa que al finalizar el año, cien córdobas serían el equivalente a 80.
Los indicadores económicos si los comparamos con otros países del área nos indican que el año pasado fue uno de los peores y que este año vamos por el mismo camino. Para no ser injustos con nosotros mismos, haremos una comparación con Honduras, que hace cuatro décadas era el más atrasado de Centroamérica y las migraciones de mano de obra de ese país y El Salvador tenían como destino el nuestro.
El año pasado el crecimiento de PIB Honduras fue de 5.82 y el nuestro de 3.76 (el más bajo del área). El per cápita del primero fue de 1,245 dólares y el nuestro de 933 (según el Banco Central). La inversión extranjera en el país del norte, 385 millones y en el nuestro en el mismo período 290.
Honduras exportó 2,375 millones de dólares y nosotros 1,197. La inflación del primero 8.9 y nosotros 17.29 (la más alta del área). Las reservas internacionales netas de Honduras 2,346 y nosotros apenas 1,018.
Lo más grave del caso es que nuestro déficit comercial en el primer trimestre del año es mayor que el año anterior y ya llevamos un índice de inflación del 19.4 por ciento. Estos datos sumados a los anteriores, evidencian un país con una economía en franca desaceleración.
Ocupamos también uno de los primeros lugares de pobreza en el continente, y disputamos los últimos lugares de desarrollo tecnológico, transparencia y gobernabilidad, libertad de prensa, inversión en la educación, en desarrollo de proyectos turísticos, en prácticas ambientales, etc.
Sin embargo, no debemos ser pesimistas ya que según un reciente informe, en medio del panorama adverso, Nicaragua cuenta con uno de los altos potenciales de América Latina para la producción de alimentos en los momentos en que el mundo pasa por una de las crisis más graves en este rubro, y que la rentabilidad no sólo dependerá de los altos precios en los mercados internacionales, sino en la productividad que tengamos, lo cual si lo sabemos aprovechar, redundará en más fuentes de empleo y un mejoramiento del nivel de vida de las familias campesinas.
La actual crisis alimentaria mundial es un desafío para países como el nuestro que cuenta con abundantes áreas cultivables y con una de las reservas de agua dulce más importantes de América.
El reto es ponerse a producir y si todo tiempo pasado fue mejor, esto sirva sólo como referencia, porque el futuro debería ser superior, siempre y cuando nos pongamos a producir en un régimen democrático, de respeto a la institucionalidad, al Estado de Derecho y a las libertades públicas que genere confianza al inversionista y nos permita desarrollarnos en un ambiente de paz y de tranquilidad.