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La revancha de la víbora
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El viernes 18 de octubre de 1996, durante una misa celebrada en la nueva Catedral de Managua, el cardenal Miguel Obando y Bravo pronunció su famosa homilía en la que incluyó la llamada “parábola de la víbora”. Eso fue apenas dos días antes de las elecciones del 20 de octubre de 1996, en las que los dos principales candidatos presidenciales eran Arnoldo Alemán, quien prometía darle continuidad al proceso de democratización del país, que se inició en 1990 con el gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro; y Daniel Ortega, que hablaba de amor, paz y reconciliación, pero en realidad amenazaba con pasarle la cuenta al pueblo democrático que lo derrotó en las elecciones del 25 de febrero de 1990, y hacer retroceder el país a los tiempos oscuros de la dictadura sandinista de los años ochenta.

La gente llamó “parábola de la víbora” a lo dicho por el cardenal Obando en aquella ocasión, porque creyó que era una parábola bíblica. Realmente se trataba de la fábula El labrador y la víbora, de Esopo (el genial fabulista griego que vivió en el siglo V antes de Cristo), la cual dice textualmente: “Llegado el invierno, un labrador encontró una víbora helada de frío. Apiadado de ella, la recogió y la guardó en su pecho. Reanimada por el calor, la víbora recobró sus sentidos y mató a su bienhechor, el cual, sintiéndose morir, exclamó: —¡Bien me lo merezco por haberme compadecido de un ser malvado!”.

No es posible saber si aquella homilía, basada en la fábula de Esopo, tuvo algo que ver en que la mayoría de los electores votara contra Daniel Ortega y el FSLN. Probablemente no, o muy poco, porque en las elecciones siguientes, de los años 2001 y 2006, sin que hubiese otra “parábola de la víbora” la mayoría de los ciudadanos democráticos volvió a votar contra Ortega y su proyecto político reaccionario y autoritario. De cualquier modo, la mayor parte de la población entendió aquel mensaje del cardenal Obando y le ha negado sistemáticamente el calor de la confianza ciudadana a la víbora, que para conseguir su objetivo de regresar al poder se ha hecho pasar como una mansa paloma. Sólo la traición a la libertad y la democracia es la que pudo hacer posible que la víbora encontrara el calor que necesitaba para regresar al poder. Y ahora que lo ha conseguido, muerde e inocula su mortal veneno autoritario contra la gente que le negó el calor del voto, pero sobre todo contra quienes con sus palabras y sus acciones han contribuido a desarrollar una clara conciencia democrática y libertaria en la mayoría de la población.

En efecto, no de otra manera se puede calificar el conjunto de acciones contra la libertad, contra la democracia, contra los derechos civiles, contra el pluralismo político, contra la economía popular y nacional, que ha venido realizando de manera sistemática el gobierno de Daniel Ortega. Y en ese mismo expediente revanchista se incluye, indudablemente, la acusación contra 43 personas por el caso de los Cenis, que será presentada hoy por la Fiscalía General de la República y específicamente por el fiscal especial sandinista, Armando Juárez.

Según este fiscal sandinista, para quien no existen los quebradores de los bancos que son los verdaderos delincuentes, las 43 personas acusadas —entre las cuales se encuentran el Director de LA PRENSA y presidente de su Junta Directiva, ingeniero Jaime Chamorro Cardenal, y el diputado Eduardo Montealegre, candidato democrático a Alcalde de Managua—, habrían cometido con el caso de los Cenis supuestos delitos contra la economía, la industria y el comercio, así como fraude y tráfico de influencias. Pero como es bien conocido, no ha habido una investigación honesta, independiente y confiable que sustente esta acusación festinada de la fiscalía sandinista. Peor todavía, como es evidentemente una revancha política, los acusados, especialmente algunos de ellos, de hecho ya han sido condenados por la víbora y escarnecidos, calumniados, injuriados y difamados en las cloacas de la comunicación y la propaganda oficialista.

En realidad, lo que quiere la víbora en el caso de Eduardo Montealegre es sacarlo del juego político y eliminar al principal obstáculo a su proyecto de perpetuarse en el poder. Y acusando a don Jaime Chamorro, amenaza con morder a todos los que sigan luchando por la libertad, por la democracia y contra la corrupción. Pero estamos seguros de que no los va a someter. Y Dios mediante, no debe estar lejano el día en el que el pie de la justicia —la verdadera justicia— aplaste la cabeza de esta malévola víbora revanchista.

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