Aun cuando se inspiran en París o Milán, los diseñadores, artistas y demás estrellas del espectáculo se mueven hacia Nueva York en busca de su consagración total.
Algo similar sucede en el beisbol. Babe Ruth fue una legítima luminaria y hubiera sido reconocido como tal donde hubiese jugado, pero lo hizo en Nueva York y las repercusiones de su impacto aún pueden escucharse.
Roberto Clemente jugó con los Piratas y desarrolló una gran trayectoria, pero siempre se quejó del escaso reconocimiento por estar en un mercado pequeño como Pittsburgh. Y era cierto.
Nueva York catapultó las figuras de Mickey Mantle, Joe DiMaggio, Yogi Berra, Whitey Ford y muchos otros jugadores, más allá del auténtico talento que tenían. La maquinaria publicitaria es arrasadora.
Pero Nueva York también ha sido la tumba para otros. Hideki Irabu llegó a los Yanquis como el mejor brazo salido de Japón y no pudo establecerse. Lo mismo pasó con José Contreras, Esteban Loaiza y muchos otros más.
“La presión de jugar en Nueva York y la agresividad de su periodismo fueron aspectos que me hicieron optar por los Angelinos en lugar de ir a los Yanquis”, dijo Rod Carew en su visita.
A Vicente Padilla se le ha mencionado como un posible atractivo para los dos conjuntos de la Gran Manzana. Aquí nos encantaría. Una encuesta de Cid Gallup dice que los Yanquis es el equipo de las Mayores que más gusta a los nicas.
Sin embargo, las razones que hicieron que Carew se moviera en otra dirección podrían incidir en cualquier decisión con Padilla, aun cuando Texas tiene la sartén por el mango.
Clima caliente, quietud de la ciudad y estar distante de la presión, son detalles de Arlington que le gustan a Padilla, pero brillar en Nueva York suele llevar directo a la inmortalidad.
Por ahora, Padilla se ve cómodo en Texas y seguir ahí podría ser lo que más le convenga al chinandegano.