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Un derecho vital
Eduardo Duque Estrada Ortiz
El autor es economista
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El derecho a la propiedad y a las reglas básicas establecidas en nuestra Constitución es elemento indispensable para alcanzar el desarrollo y reducir la pobreza

La propiedad es un derecho que se le otorga a una persona natural o jurídica sobre bienes reales (como la tierra) y abstractos (como el intelecto), para que ella disponga de los mismos en la forma que más le parezca. Este derecho es tan fundamental, que se ha reconocido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, La Convención Europea sobre Derechos Humanos y la misma Constitución de los Estados Unidos de América, EE.UU.

En el caso de la Constitución nicaragüense, en ella se define a la propiedad como un “principio nicaragüense”, aunque se determina que todos los tipos de propiedad “deberán cumplir una función social” (art. 5). Adicionalmente se garantiza el derecho a la propiedad privada, reconociendo la posibilidad de expropiación “previo pago de justa indemnización” y se prohíbe toda confiscación (art. 44). El respeto a este derecho y a las reglas básicas establecidas en nuestra Constitución, es elemento indispensable para alcanzar el desarrollo y reducir la pobreza. Es bueno recordar las palabras del filósofo John Locke, padre del empirismo inglés... “La razón por la cual el hombre entra a la sociedad es con el propósito de preservar sus bienes”.

El ex presidente de la Reserva Federal, Alan C. Greenspan, equivalente en EE.UU. al Banco Central, publicó recientemente el Libro La edad de la turbulencia; aventuras en un nuevo mundo (The Penguin Press, 2007), en el que además de dar datos bibliográficos de su brillante carrera, que incluyen la presidencia de la “FED” desde el primer período de Ronald Reagan, hasta el actual presidente George W. Bush, nos define tres características que él considera esenciales en toda experiencia exitosa de desarrollo económico; primero, un alto nivel de competitividad tanto interno como externo, que le permitan una exitosa integración al comercio mundial; segundo, instituciones sociales y políticas que aseguren a la economía trabajar sin restricciones de inseguridad para sus actores; tercero, una política monetaria y fiscal que mantengan, ante todo, estabilidad macroeconómica.

Siguiendo su razonamiento, Nicaragua está dando pasos gigantes en lo que concierne al primer requerimiento, firmando tratados de comercio libre con países de América Central (G 4), Taiwán, México y principalmente EE.UU., el mayor mercado de los productos nicaragüenses. Adicionalmente, estamos negociando en bloque un tratado con la Unión Europea, dándonos suficiente integración al comercio internacional, y acceso a los países de mayor ingreso, lo que permitiría en el futuro mayor agilidad en el traslado de capital extranjero de allá, para acá.

Por otra parte, un acuerdo firmado en tiempo récord con el FMI, implica compromisos monetarios y fiscales, que incluyen el pago de la deuda interna (sea por indemnizaciones o por quiebras bancarias) asegurando estabilidad macro económica por lo menos por los próximos 3 años; condición sine qua non para el desarrollo.

Donde nuestro país queda en la estacada y por lo visto seguirá naufragando, es en el requerimiento segundo. La politización y desmoralización del sistema legal no permiten la seguridad institucional y jurídica que necesita cualquier capitalista extranjero o nacional para poder invertir y generar empleo. La solidaridad, aun cuando buena, no llena las necesidades de ahorro e inversión de un país, pues está basada en la capacidad, siempre limitada por las propias necesidades de los países solidarios. Qué tanto nos puede dar, Cuba, Venezuela, Taiwán o los propios EE.UU.; pues no lo suficiente para sacarnos del subdesarrollo en que nos encontramos.

En sí, nada puede suplantar a la inversión interna y externa, inversión que en su búsqueda de un retorno, genera riqueza a dueños, empleados, suplidores y clientes. En pocas palabras, el Estado, a través de sus leyes e instituciones debe de garantizar el derecho a la propiedad privada y la claridad en las reglas de juego, como son las prácticas fiscales, el acceso a la información y la competencia leal por parte del Estado. “En mi experiencia”, dice Greenspan, “considero que los derechos de propiedad son la principal característica para generar el crecimiento”. Como dicen los estadounidenses, “enough said”. Tan claro como tan franco.

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