Luchando contra todos los pronósticos, cientos de niños se esfuerzan diariamente por salir del trabajo infantil y asistir a alguna de las escuelas en el barrio Acahualinca. Lo que encuentran en los salones no es del todo agradable: sillas quebradas, poca ventilación, mínima iluminación, hacinamiento y maestros empíricos.
Aun así, los niños hacen un gran esfuerzo, reconoce Silvia Elena Ampié, asesora pedagógica y estudiante del diplomado de Fortalecimiento de Capacidades Pedagógicas, promovido por el organismo Dos Generaciones y el Instituto de Educación de la Universidad Centroamericana (Ideuca).
Ampié realizó una investigación, en conjunto con otros docentes y como parte de las actividades del diplomado, en la cual se determinó que la gran mayoría de los estudiantes de Acahualinca trabajan vendiendo, y le dedican muy poco tiempo al estudio, no más de una hora diaria y principalmente para el período de exámenes.
Esas condiciones son una de las causas para que, como norma general, los estudiantes de primer y segundo grado presenten extra edad y se encuentren entre los seis y doce años.
EMPIRISMO ELEVADO
Sumado a las condiciones de pobreza de los estudiantes, los docentes carecen del nivel de capacitación necesario para aplicar metodologías que permitan a los niños prepararse para la vida.
“Los docentes no entienden la diferencia entre las técnicas y metodologías participativas y eso se refleja en las aulas. No se les está ayudando a los estudiantes a prepararse para la vida”, dijo Ampié luego de realizar una investigación en las metodologías de enseñanza aplicadas a más de doscientos estudiantes de la Escuela de Primaria Santa María Reina de las Gracias, en Acahualinca.
Según la encuesta aplicada por Ampié y su grupo, el 33 por ciento de los propios docentes considera que las metodologías aplicadas en la enseñanza diaria no están preparando para la vida.
En la escuela Oasis de Paz, en el barrio Acahualinca, ocho de los diez docentes son empíricos.
“Eso (el empirismo) también está afectando a que los niños no aprendan bien la comprensión de la lectura y la escritura”, explicó Brenda Flores, otra de las estudiantes del diplomado sobre el Fortalecimiento de Capacidades Pedagógicas, y madre de familia.
El equipo investigador en el que participó Flores, junto a otros tres docentes, especificó que las precarias condiciones de infraestructura en la Escuela Oasis de Paz no son la única causa del desánimo de muchos estudiantes. La influencia de los padres de familia que nunca han estudiado y que alientan al abandono escolar de sus hijos, es otra causa de preocupación.
“Hemos visto mejoras en la enseña de la lecto-escritura, pero las deficiencias de los docentes son bastantes”, dijo Flores, madre de Kristel, una niña de cuatro años que estudia preescolar en la Escuela Oasis de Paz.
En la zona de Acahualinca unos 1,600 niños están integrados al sistema educativo. Sin embargo, aún hay otros 400 en edad escolar que están fuera de las aulas, según los datos recientes de Dos Generaciones.