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Las ballenas, luego de dar a luz, cada primavera emprenden de nuevo la migración con sus ballenatos, de regreso a Alaska para pasar allí el verano. (LA PRENSA/CORTESÍA DE CRUISE WEST)
La exuberante Baja California Sur
Una excursión de siete días sintiendo “los aires milagrosos” de esta bella región mexicana, que esconde exóticos paisajes, flora y fauna
Georgina Cruz
Especial para LA PRENSA
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Tome nota

CruiseWest ofrece travesías de siete noches desde Cabo San Lucas a pueblos coloniales e islas de Baja California Sur con salidas en enero, febrero, marzo y diciembre. Las tarifas comienzan en US$2,399 por persona. ¿Más información? Visite www.cruisewest.com.

Probablemente conozca o haya escuchado a Cabo San Lucas en Baja California —pues es compuerta de cruceros a la riviera mexicana— pero pocos han viajado al otro lado de Baja, a los pueblitos coloniales, bellas playas e islas deshabitadas del Mar de Cortés o Golfo de California.

John Steinbeck, novelista norteamericano, exploró esta región durante una expedición en 1941 y se refirió a ella como un sitio donde “hasta el aire es milagroso”, un lugar cuya “abundancia de vida le da a uno una exuberancia, una sensación de plenitud y riqueza”.

Le seguimos los pasos a Steinbeck explorando esta exótica región mexicana por medio de una travesía de la línea de barcos pequeños, Cruise West, que ofrece un crucero de siete noches, Whales & Wildlife (Ballenas y Vida Salvaje) inspirado precisamente en la expedición de Steinbeck. Aquí va un relato diario sacado de mi cuaderno de viajes:

PRIMER DÍA

Abordamos en Cabo San Lucas el Spirit of Yorktown, la nueva nave de Cruise West con capacidad para 138 pasajeros. Es un barco íntimo con ambiente relajado. Líderes expedicionarios ofrecen charlas en el salón cada noche sobre los puertos y sus excursiones que incluyen actividades como paseos en canoa tipo kayak y buceo tipo snorkel, también están incluidos y proveen equipo gratis incluyendo “wet suits” pues el agua es fría.

En el comedor brindan especialidades regionales como sopa de tortillas, panecillos de maíz y chile, y pollo a la parrilla con salsa de tequila.

Nuestra cabina es atractiva y cómoda, con dos camas individuales, escritorio, baño privado, aire acondicionado, secadora de pelo y ventana desde donde vimos al zarpar la bella formación rocosa de Los Arcos, junto a cielos despejados en un océano azul añil y emprender rumbo al Mar de Cortés, con sus aguas con una de las más grandes concentraciones de vida marina del mundo. Los Arcos parecían como una compuerta coloreada durante la puesta de sol con tonos cálidos —como una sonrisa— dándonos la bienvenida a las aventuras de Baja.

SEGUNDO DÍA

Un mar de tonos aquamarina nos aguardó al amanecer y un grupo de más de una docena de delfines parecía saludarnos al llegar a la Isla Espíritu Santo. Una islita cerca de La Paz, ubicada en aguas que presentan una rica y diversa vida marina y cierta fauna —como un conejito de cola negra y una ardilla antílope— que no se encuentran en ningún otro sitio del planeta. Esta y todas las paradas de nuestra expedición fueron visitadas por Steinbeck durante su propia aventura.

Bajamos ancla en la Bahía Bonanza de Espíritu Santo, donde pasajeros se lanzaron a bucear en las aguas cristalinas (hay 900 clases de pescados aquí). También teníamos la opción de caminar con un naturalista para ver los cactos, agave, palo blanco, jojoba y otra flora de la isla incluyendo higos silvestres.

TERCER DÍA

Los líderes del barco estaban en contacto con gente local en la costa del Pacífico de Baja pues de mediados de enero a finales de febrero grandes grupos de ballenas grises se congregan allí, en la Bahía Magdalena, para tener sus bebitos. Así que montamos en autobuses organizados por la línea de cruceros desde Puerto Escondido y cruzamos la península para verlas, desde botes de motor.

Las ballenas, nos dijo Paulino Pérez, el naturalista que acompañó a la excursión, habían viajado 6,000 millas desde Alaska hasta Baja, algo que hacen cada invierno para dar a luz.

Desde nuestro barco de motor pudimos ver bien de cerca a tres ballenas, una de ellas con su ballenato, que según Ernesto, nuestro guía en el barco, era “el primero de la temporada” (nuestra visita fue a mediados de enero).

“¡Qué maravilla!”, exclamó una pasajera de Los Ángeles, al ver que la mamá parecía estar enseñando al bebé a brincar fuera del agua.

CUARTO DÍA

Isla Danzante es una de cinco islas de la Reserva Marina Nacional de Loreto y un refugio natural para aves, hay más de 400 especies de pájaros en Baja. Exploramos por medio de canoas para ver el litoral y las aves, incluyendo pelícanos y aves zancudas.

Hicimos un paréntesis de buceo también, encontrando que la costa submarina de Isla Danzante tiene como “escalones” que bajan vertiginosamente hasta más de 100 pies a cañones profundos llenos de peces, anémonas, estrellas de mar y varias clases de corales. Al irnos de Isla Danzante nos topamos con un par de ballenas encorvadas a las cuales observamos en la superficie del agua por varios minutos hasta que se sumergieron con la característica muestra de sus colas.

QUINTO DÍA

Llegamos a Loreto, pueblito fundado en 1697. La misión de Nuestra Señora de Loreto es la “madre” de la cadena de misiones fundadas españoles en El Camino Real —incluyendo las misiones de Los Ángeles, Santa Bárbara, Carmel y San Francisco— que eventualmente llegó hasta Sonoma, California. Cuenta con dos imágenes de la Virgen María, una de ellas flanqueada por esculturas de ángeles. Un museo adyacente a la misión cuenta con muestras y pinturas de la época colonial.

DÍA SEXTO

Una visita a Los Islotes, con sus formaciones rocosas como castillos, fue interesante porque ahí viven aves piqueras de patas azules. ¡Qué sorpresa! Yo creía que estas aves preciosas solamente se encontraban en las Islas Galápagos. Habían muchas de ellas en los peñascos, al igual que una nutrida colonia de leones marinos soleándose en las rocas y nadando en las aguas. Nos tiramos a nadar con ellos y los bebés venían curiosos a vernos. “Baja California tiene más en común en el aspecto natural con las Galápagos que con el resto de México”, explicó Pérez.

DÍA SÉPTIMO

Otra joyita colonial, La Paz, fue nuestro último puerto. Fundada en la década de 1530, La Paz es la ciudad mayor de Baja California Sur. Visitamos el malecón con sus esculturas y las calles con tiendas y heladerías. Todos los pasajeros estábamos invitados a una fiesta con mariachis, bailarines y hasta una piñata, para cerrar nuestra aventura en Baja. Como Steinbeck, nunca la olvidaremos.

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