El corcho que flota
Nicaragua es un país al que hay que saber leerlo al revés. Desde las más sencillas actividades cotidianas hasta los grandes temas nacionales hay que leerlos en clave inversa. En este país, las “filas rápidas” son generalmente las más lentas, el semáforo en rojo significa “pase” para muchos, “pedir vía” para cambiar de carril es entendido como “acelere para que no me deje entrar”, si una actividad es a las 8:00 debe entenderse a las 10:00 y las delegaciones de atletas que mandamos a los eventos deportivos están compuestas por gordos funcionarios que sin rubor saludan con la bandera azul y blanco en los desfiles de los “verdaderos atletas” de otros países. Pero hay más.
Mil caras
Gustavo Porras. Técnicamente es un dirigente sindical. Pero dirige y administra al menos cuatro ministerios de gobierno. Un día manda a llamar a sus ministros, despide funcionarios, pone otros nuevos, revisa planes de trabajo, y al otro día llama a los dirigentes de los sindicatos, organiza marchas de protesta, resuelve huelgas... ¡Y nos parece normal! Ya nadie se asusta que el mismo señor que como diputado vota por un presupuesto, en la tarde esté, megáfono en mano, reclamando más salarios para los agremiados que dice representar.
Dedazos
Otra perla. El presidente Daniel Ortega se reúne con la Asamblea Sandinista y critica ácidamente “el dedazo” como método de selección de candidatos. “Cuando hablamos de elecciones ¡estamos hablando de elecciones! no hablamos de dedazos”, dice. Y por la vehemencia con que lo dice uno podría creerle, de no ser por un hecho: a su izquierda tiene, sin que se sepa oficialmente por qué, a Alexis Argüello, el hombre que lleva meses diciendo ser “el ungido del gran líder”. ¿Si eso no es dedazo, entonces qué es?
Ganar un partido
Más. Don Eliseo Núñez Hernández. Un día lo vimos resucitar políticamente en un nuevo partido que se llamó Alianza Liberal Nicaragüense. Creíamos que ya estaba retirado. Luego supimos la historia. Prestó un viejo partido del que ya nadie se acordaba para alojar el descontento liberal que encabezaba Eduardo Montealegre. Así llegó a diputado y volvió a aparecer en los periódicos. De repente, con ese sentido de oportunidad que tienen los viejos zorros de la política, supo que se podía quedar con el menaje de los inquilinos. “Si la casa es mía, mío es lo que hay adentro”, dijo, y ¡zas! se ganó un partido político de verdad como si hubiese jugado a la lotería.
Ingenuos
Claro, para que don Eliseo ande por ahí, fachento, ofreciendo “ride” en el partido que se ganó, tuvieron que darse ciertas condiciones. Uno, que al Frente Sandinista y al PLC les convenga destruir a ALN; dos, que estos partidos hayan encontrado a alguien sin escrúpulos para dar la puñalada; y tres, que los de ALN hayan navegado con bandera de ingenuos todo este tiempo sin percatarse de lo que vendría luego.
Antipacto
Pero siguen los montealegristas mostrando una ingenuidad suicida. Y creen que pueden unirse con el PLC de Arnoldo Alemán a pesar de todos los coscorrones que les pegan cuando los abrazan. Es mucho más sensata la propuesta de Edmundo Jarquín de organizar la unidad a través de sentimiento “antipacto”. Don Eduardo, no se puede ir a la guerra con soldados que en vez de disparar al frente disparan al lado. Y nunca se ha ganado un partido con puros autogoles.