publicidad
Managua
05:30 am
28.02.08
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Editorial
Competencia por la peor imagen
publicidad

Los resultados de la encuesta de la firma internacional CID Gallup, presentada esta semana por LA PRENSA, demuestran que hay una especie de competencia entre el Gobierno y la oposición, por tener la peor imagen ante la población nicaragüense.

En esta encuesta profesional e independiente, el gobierno sandinista de Daniel Ortega tuvo un 22 por ciento de índice negativo en la opinión de las personas consultadas. Esto significa, tal como lo explicó la información de LA PRENSA publicada ayer, que la aceptación del gobierno de Ortega cayó 12 puntos con respecto a la medición de noviembre del año pasado. E indica, además, que “en un año (Ortega perdió su cómodo 51 por ciento de apoyo del que disfrutaba a un mes de su regreso al poder en enero del 2007”.

Pero la pérdida de apoyo popular a Daniel Ortega y su gobierno no significa que la oposición se ha fortalecido en la confianza y la credibilidad de los ciudadanos. La encuesta de CID Gallup indica al respecto que sólo el 7 por ciento de los ciudadanos cree que los partidos y los políticos opositores están luchando por el bien del país y apenas un escuálido 5 por ciento considera que los políticos opositores tienen ideales y que no se venden a nadie. Por el contrario, el 21 por ciento de los encuestados estima que la oposición está dividida por intereses personalistas; 13 por ciento cree que los políticos opositores sólo se interesan por sus asuntos personales; el 11 por ciento los califica como oportunistas; y el 6 por ciento los acusa de que se venden a quien más les paga. O sea que la oposición tiene apenas un 12 por ciento de opiniones positivas, contra 51 por ciento que la califica negativamente, en tanto que el 13 por ciento ve a la oposición como un grupo unido luchando contra el FSLN y el resto no opina de ningún modo.

Es un axioma de la política que cuando los ciudadanos tienen la oportunidad de expresarse libremente, mediante el voto o con sus opiniones, premian a los buenos políticos y castigan a los malos. Según este criterio, es obvio que en esta encuesta la gente ha vapuleado a los políticos, tanto al gobernante como a los de oposición. En realidad, si la mayor parte de la gente vota por ellos en las elecciones, no es porque confíe en los políticos y sus partidos sino porque no tiene más remedio que votar por alguien o abstenerse.

Ahora bien, según parece al presidente Daniel Ortega no le importa el empeoramiento de su imagen ni le interesa, por lo tanto, mejorar su credibilidad. Si le preocupara su mala imagen y quisiera mejorarla, tendría que cambiar drásticamente. Es decir, tendría que ser transparente en sus actuaciones gubernamentales; respetar la independencia de los otros poderes del Estado; dejar de chantajear a personas, empresas e instituciones; poner fin a sus campañas de calumnias y difamaciones contra sus adversarios políticos y periodistas que no le son afectos; moderar el discurso y hablar como estadista, no como un agitador callejero; buscar el consenso para las políticas gubernamentales de interés nacional y dejar de fomentar el odio de clases y cultivar los complejos de inferioridad social; no utilizar más el poder como un patrimonio familiar, etc.

Sin embargo, quien tiene una formación política autoritaria y una vocación de poder absolutista, es muy difícil que pueda transformarse de esa manera. En cambio, a los políticos de oposición por su ideología democrática podría resultarles menos difícil mejorar su imagen, atender la voz y el llamado de la gente, que no apoya al gobierno de Daniel Ortega, pero tampoco confía en la oposición.

No se trata de que los políticos opositores se conviertan en ángeles o en apóstoles del servicio público. Lo que pide la ciudadanía es simplemente una dirigencia política sujeta a principios éticos y que sea eficiente y transparente en la gestión de los asuntos públicos; una dirigencia capaz de producir una reforma política renovadora que fortaleza la institucionalidad democrática y el Estado de derecho republicano.

¿Será mucho pedir? ¿Son irredentos los políticos democráticos o es posible lograr con ellos que Nicaragua vuelva a ser República?

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda