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Desde el inicio de la revolución, Raúl Castro estuvo a la sombra de su hermano mayor y máximo líder, Fidel Castro. Aquí, juntos en una sesión parlamentaria en diciembre de 2003. (LA PRENSA/AFP/A. ROQUE)
Pragmático timonel al mando
La designación de Raúl Castro estaba decidida desde 1997 y fue confirmada formalmente
Se labró una imagen de duro, pero también ha mostrado pragmatismo
Andrea Rodríguez y Carlos Batista
Un perfilLA HABANA/AP Y AFP
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Hombre e imagen

Los cubanos lo ven como un dirigente con los pies en la tierra, más preocupado por los problemas diarios de la población que por la política internacional, como lo hacía Fidel.

En su libro “Después de Fidel”, Brian Latell, ex analista de la CIA, opina que “para poder conservar el poder por un largo período, tendría que cambiar esa imagen de, Raúl el terrible, que Fidel le impuso con su consentimiento (...) y que está tan arraigada en el pueblo”.

En junio sorprendió a los cubanos al aparecer en televisión cuando, junto a sus cuatro hijos (Débora, Mariela, Alejandro y Nilsa) y ocho nietos, depositó en el sepulcro la urna con las cenizas de su esposa Vilma Espín, la mujer de mayor rango político en Cuba, al lado de otro nicho con su propio nombre. Su hijo Alejandro es coronel del Ministerio del Interior y su mano derecha. Mariela, una reconocida sexóloga, defensora de los homosexuales. Su yerno, Luis Alberto Domínguez controla las finanzas de las Fuerzas Armadas y su nieto, el fornido Raúl Domínguez Castro, es su inseparable escolta.

Instó a hablar

El 26 de julio, día del Asalto al Moncada, Raúl convocó a reparar lo mal hecho y desató la lengua de los cubanos cuando los alentó a hablar de los problemas “con sinceridad y valentía”, “sin miedo de ninguna clase”. A los dirigentes les pidió que aprendan a escuchar. Más de cinco millones hicieron catarsis en debates que duraron más de dos meses, pero “sin impugnar el sistema”, dijo Raúl en una de sus contadas comparecencias. Pragmático, pidió paciencia y realismo para solucionar los problemas, pues —dijo— antes “hay que forjar consensos”.

Con su eterno bigote impecablemente cuidado, de mediana estatura, hombros huesudos y de trato afable cuando está en confianza, Raúl Castro siempre fue en la isla “el número dos”.

Carece del poderoso carisma de su hermano Fidel, pero es el hombre fuerte del sostén militar del régimen, realista, con dotes de organizador y armador de consensos.

Diecinueve meses de gobierno provisional por una grave crisis de salud de Fidel, le dio una imagen de firme partidario de la polémica y el cambio, en vez de la del general enérgico y duro juez que mantuvo por decenios.

En diciembre pasado levantó inquietud en sectores inmovilistas al afirmar que el sistema “tiene que democratizarse más” y que dentro del Partido Comunista “es bueno que se tengan diferencias”, aunque “no antagónicas”.

Defendió el sistema de partido único, pero advirtió: “Si somos un partido, tenemos que ser el más democrático que existe”.

Pero las autoridades de gobierno sostienen que es el primer fidelista. “No hay en el pensamiento político de Fidel y Raúl un alfiler de diferencia”, describió el canciller Felipe Pérez Roque.

Raúl, cinco años menor que Fidel, fue la figura de recambio en el poder desde los primeros meses del triunfo rebelde en 1959. Un congreso del Partido Comunista de Cuba en 1997 ratificó esa condición de sucesor.

“Raúl es más joven que yo, más energético que yo”, comentó el máximo líder cubano. “Cuenta con mucho más tiempo”, agregó.

Su destino se cumplió el 31 de julio del 2006, cuando su hermano Fidel delegó en él el poder al ser intervenido quirúrgicamente.

A diferencia de Fidel, Raúl se unió a los jóvenes comunistas antes de la revolución y era ya un marxista cuando se declarara en 1961 el carácter socialista del gobierno isleño.

Sin embargo, demostró tener un criterio propio, en 1969 por ejemplo, luego de tomar cursos de estudios militares en la Unión Soviética y al criticar a un sector de los comunistas de Cuba —apodados la “microfracción”— que habían seguido la línea soviética demasiado a la letra.

Como cabeza de las Fuerzas Armadas, Raúl supervisó algunos de los más importantes experimentos de reforma económica y unidades militares produjeron y vendieron exitosamente alimentos en los mercados.

También expresó su interés por las versiones chinas de libre empresa comunista, durante su visita a ese país en noviembre de 1997.

El cuarto de siete hijos, Raúl Castro Ruz nació en la población de Birán el 3 de junio de 1931. Como su hermano mayor, estudió en el jesuita Colegio Dolores, en la oriental provincia de Santiago a 800 kilómetros de La Habana.

Raúl también siguió a Fidel a la Universidad de La Habana, donde por poco tiempo fue miembro de la Juventud Socialista.

Asistió a un congreso de juventudes comunistas en Viena en febrero de 1953 y después visitó Bucarest y Budapest.

A su regreso de Europa, se unió a los esfuerzos de Fidel para derrocar al gobierno de Fulgencio Batista y participó de la fallida toma del cuartel Moncada el 26 de julio de 1953.

Detenidos por el asalto, Fidel fue sentenciado a 15 años de cárcel y Raúl a 13 años.

Ambos quedaron en libertad tras 22 meses presos y se marcharon a México, desde donde regresaron a Cuba en noviembre de 1956 junto a otros 82 hombres a bordo de un viejo yate, el ahora legendario Granma.

En marzo de 1958, Raúl estableció un segundo frente en la Sierra. El joven rebelde encabezó a 4,000 hombres.

Los guerrilleros —prometiendo reformas, pero no socialismo— rápidamente ganaron apoyo entre los cubanos, hartos del corrupto y brutal gobierno de Batista, quien salió del país el 1 de enero de 1959.

Ese mismo año Raúl se casó con Vilma Espín, una compañera de lucha y con ella tuvo cuatro hijos. Espín se convirtió en la presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas y con frecuencia ofició como primera dama de Cuba hasta su muerte a mediados del 2007.

Raúl fue designado jefe de las Fuerzas Armadas de Cuba a fines de 1959.

Como su hermano, Raúl siempre sospechó de Estados Unidos. Sin embargo, tuvo algunos gestos conciliatorios hacia Washington y se mostró dispuesto al diálogo siempre y cuando se respetara la soberanía de la isla y no se pretendiera imponerle condiciones.

Como jefe militar, Raúl estuvo profundamente involucrado en el apoyo armado a los movimientos rebeldes en Angola y Etiopía durante los años 70, tanto como en los esfuerzos para lograr el rescate económico de Cuba tras la caída en 1991 de la Unión Soviética, principal socio comercial de la isla.

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