A juzgar por lo que dicen en público, todos los políticos democráticos y en general opositores al sandinismo orteguista están claros de que la unidad es necesaria para enfrentar y poder derrotar al Frente Sandinista y a Daniel Ortega, en las próximas elecciones municipales.
En realidad, los comicios municipales de noviembre próximo no van a ser unas elecciones comunes y corrientes. Por el contrario, serán un referendo sobre el gobierno de Daniel Ortega y la suerte de la precaria democracia nicaragüense. El hecho es que si el Frente Sandinista ganara esas elecciones, se agravaría el peligro de restauración de la dictadura en Nicaragua, cual es sin duda el proyecto de Daniel Ortega. En ese caso habría gobierno orteguista para quién sabe cuántos años más.
Sin embargo, los ciudadanos democráticos, que son la mayoría de la población, todavía tienen la esperanza y la confianza en que el gobierno de Daniel Ortega no va a durar más que el período para el cual fue elegido en noviembre del 2006. Es decir, que no pasará del 10 de enero del 2012. Incluso, ahora son más los ciudadanos nicaragüenses que se oponen al gobierno de Ortega, o que están inconformes con su desempeño el cual ha estado plagado de desaciertos, arbitrariedades e incompetencias.
Si hoy, mañana o el próximo domingo hubiese elecciones en Nicaragua —municipales o nacionales—, Daniel Ortega y el Frente Sandinista tendrían menos votos que el 5 de noviembre del 2006. Sin embargo, ellos volverían a ganar las elecciones si la oposición se presentara otra vez dividida al cotejo electoral. La unidad opositora es, pues, indispensable para derrotar al Frente Sandinista y a Daniel Ortega, para salvar lo que queda de democracia, para impedir que la dictadura se vuelva a instaurar en el país.
Cabe aclarar que a Daniel Ortega y al Frente Sandinista no se les teme y rechaza porque sean de izquierda. La verdad es que no habría ninguna razón para temerles y rechazarlos, si ellos fuesen de izquierda democrática como la presidenta Bachelet y el Partido Socialista de Chile; como el presidente Lula y el Partido de los Trabajadores de Brasil; como el presidente Tabaré Vázquez y el Frente Amplio del Uruguay; o como la Alianza MRS de Nicaragua, que ofrece un programa y practica una política de izquierda democrática, con énfasis en la justicia social pero respetuosa de la libertad y la democracia. Como hemos dicho en otras ocasiones, la libre competencia, en igualdad de condiciones legales, de la izquierda con la derecha en sus diversas variantes, es necesaria para que exista y funcione apropiadamente una democracia saludable y vigorosa. Lo inadmisible es que un partido o una corriente política, ya sea de izquierda o de derecha, conspire contra las demás y utilice los mecanismos del poder para eliminarlas. O que pacten de mala fe para suprimir a las demás.
De manera que mientras el Frente Sandinista y Daniel Ortega no se modernicen y se democraticen, mientras sigan obsesionados con la idea de imponer su modelo particular, autoritario y totalitario de sociedad, de economía, de régimen político y de relaciones internacionales, continuarán inspirando temor y siendo rechazados por la mayoría de la población.
Ahora bien, en las circunstancias específicas que hay actualmente en Nicaragua, ¿de qué unidad se está hablando?, ¿quiénes son los que deben unirse para impedir que Ortega y el FSLN ganen las elecciones y se fortalezca su proyecto de restaurar la dictadura en Nicaragua?, ¿será la unidad sólo de y entre los sectores que están contra el pacto libero-sandinista (Vamos con Eduardo, MRS, PLI, Partido Conservador, sector Quiñónez del PLC, etc.); o será la unidad de todos los partidos y grupos políticos que adversan al orteguismo y al sandinismo autoritario?
Por principios nos parece que nadie debería ser excluido de la alianza o unidad democrática nacional, salvo el que se quiera excluir por su propia voluntad. La defensa de la libertad y la reconstrucción de la democracia, la creación de las condiciones necesarias para impulsar el crecimiento de la economía nacional y el progreso social en libertad, es una tarea de todos los nicaragüenses democráticos y de buena voluntad, independientemente del partido al que estén afiliados o de su simpatía política y partidista. Es una tarea de esos nicaragüenses que están sobre todo en las bases y en las masas de simpatizantes de los partidos, no en sus cúpulas maleadas y desacreditadas.