Cuando Juanita Bermúdez me sugirió escribir sobre La Odisea, a propósito de la exposición de las ilustraciones de Marc Chagall para dicha obra épica, pensé en el gran poeta nicaragüense desaparecido, Pablo Antonio Cuadra (PAC, 1900-2002), quien escribió de manera magistral sobre este tema.
En realidad, para hablar de La Odisea desde una perspectiva nicaragüense, ¿qué mejor que hacerlo con las palabras del poeta Pablo, una de las mentes más preclaras y de las voces más autorizadas de la Nicaragua del siglo XX?
En el libro Torres de Dios, publicado por el sello editorial El Pez y la Serpiente en marzo de 1986, al cuidado del poeta Mario Cajina Vega, se dice que en 1955 y 1956 PAC publicó en el Suplemento Cultural de LA PRENSA —que después se llamaría La Prensa Literaria— unos ensayos sobre la novela en forma de “Cartas a una Muchacha”. En el primero de esos escritos dice PAC: “En el principio fue la Epopeya. Tomemos como ejemplo La Odisea, de Homero. Muchos no la leen porque se las recetan como “epopeya”. Yo se la recomiendo a usted como la más formidable novela. Una novela hecha en un metro de verso para que fuera recitada o cantada, porque ese era el modo en aquellos tiempos, de hacerla conocer y recordar a falta de imprenta y de libros. (También la Iglesia aún canta los Evangelios). Ahora que el libro es ya tan popular como eran entonces los cantos y los cantores populares o “aedas”, la moderna epopeya —la novela— recurre a otro tipo de poesía más sutil y menos formal, menos instrumental, puesto que ya no es necesario el verso medido o las rimas (propias para que la memoria no olvidara) puesto que la letra está “impresa” y ella se garantiza sola su propia memoria…
“En La Odisea —sigue diciendo PAC— encontrará (…) la revelación del hombre y la recreación de la vida (…). Sus héroes tienen tal contenido humano que llegan a convertirse en símbolos. Ulises, el urdemales Ulises, asume la eterna sed de aventuras del hombre. Siempre que la insinuación misteriosa del mar, o de la lejanía o de lo desconocido nos llama y tienta encontramos en el fondo de nuestro corazón el vago Odiseo en su negra barca homérica. Nadie mejor que un nicaragüense puede sentir algo de sí mismo” leyendo esta novela del navegante expodoico, al que reclama un hogar y una esposa y al que también empuja el ansia aventurera de amar, navegar y descubrir…
“Y Circe será siempre la mujer que retiene, la que nos “interrumpe”, la que nos hace quedar mal y perder el itinerario. Circe es siempre la “otra” mujer. La rival. La “doble”. (Doble en su doble sentido, tal como admirablemente lo expresa la película sobre “Ulises” hecha en Italia, en la cual la “Esposa” y la “Rival”, Circe y Penélope son actuadas por la misma artista —Silvana Mangano— para dar a entender que el Hombre al buscar otra busca la misma. Y así cada personaje. (Piense en Penélope, la esposa, la espera y la esperanza, con su tela y con sus pretendientes; piense en Nausica, en Telémaco, en el Cíclope, etc.), cada tipo es un prototipo. Y cada escena un trozo de vida. Porque es la novela original. El origen de todas las novelaciones.
“Y aquí termino. Mientras le escribo mi segunda carta lea a Homero”, recomienda PAC a su imaginaria correspondiente, lo cual es sin duda un consejo para todo el tiempo y para todos.