El comunicado que Asobanp, Cosep y Amcham dieron a conocer, la semana pasada, señala con claridad el gravísimo peligro que la suspensión del pago de los Cenis entrañaría sobre el sistema financiero, que de hecho repercutiría en una debacle sin precedentes en lo socioeconómico al faltar la credibilidad institucional, sin que haya ninguna razón que justifique incumplir el necesario compromiso contraído por el gobierno anterior.
Las quiebras bancarias del 2003, que dicho sea de paso han ameritado una debida y meticulosa investigación, aún no efectuada, fueron las que originaron la autorización gubernamental de la creación y negociación en pública subasta de los tan polemizados Cenis, que en sí no han sido otra cosa que la tabla de salvación del sistema financiero, restituyéndose así la pérdida y la credibilidad, por medio de la Banca responsable.
Mientras haya respeto institucional a las leyes de la República, constituidas en la Carta Magna, aunque sus representantes o titulares cambien en períodos sucesivos, si hay el debido orden, el Gobierno de cada período, que es representante administrativo de la Patria o sea del pueblo en general y sin otro distintivo que la Bandera azul y blanco; está obligado a asumir y cumplir dignamente su representación y compromisos.
Referente al polemizado tema de los Cenis, que se ha repetido hasta la saciedad, es bien sabido que tales operaciones a su debido tiempo fueron debidamente aprobadas por los poderes Ejecutivo y Legislativo, con el fin de mantener la necesaria credibilidad en la economía del país; pudiéndose así evitar el desbarajuste socioeconómico que perfilaban las quiebras bancarias; y que sin dicha medida el caos hubiera sido desastroso.
Hace algún tiempo, debido a tal circunstancia con la franqueza que me ha caracterizado de pensar en voz alta, en un artículo que LA PRENSA tuvo a bien publicarme con referencia a la misma cacareada problemática e intitulado: “Referente al caso de los Cenis”, me permito ahora, con la venia de mis lectores antes de concluir el presente, a continuación repito integralmente el penúltimo párrafo de dicha publicación:
“Debe saberse que los verdaderos ladrones y causantes de la enorme deuda interna que todos pagamos son una buena parte de los que ocasionaron las quiebras en referencia; y que ellos por tales delitos, ya comprobados, deberían ser con pleno derecho los perseguidos de la justicia. Lo mismo que debe saberse que no hay ninguna razón para calumniar, acusando a quienes se tomaron riesgos en aras de salvar al país del desastre”.
Es inaudito que en la actualidad buena parte de tales sujetos, tratando de lavarse las manos con fines politiqueros haciendo las consabidas acusaciones a quienes con toda responsabilidad han sabido mantener incólume su integridad. Lo mismo que es loable la declaración del titular del Poder Ejecutivo al respecto, haciendo eco positivo a la actitud del actual presidente del Banco Central que amerita su rectitud.
Que Jesucristo, el Señor de la eternidad y de la gloria, no permita que el Gobierno de nuestro sufrido país se desvíe del camino que Él ha querido que sigamos.