Caracas (AIPE).— El gobierno venezolano se ha peleado con los gobiernos de Colombia, Perú, España, Chile, México y Estados Unidos. Esos son suficientes problemas, pero las peores dificultades aquí giran alrededor de la inflación y la escasez de bienes esenciales.
El año pasado Chávez anunció una reforma monetaria que eliminaría tres ceros a nuestra moneda, a partir del 1 de enero, llamándola “bolívar fuerte”. La campaña dejó entrever que, además de la fortaleza que tendría el nuevo bolívar, los ingresos de la gente rendirían más. Pero ese bolívar fuerte comenzó muy mal. Al cierre del primer mes, el índice de precios al consumidor aumentó 3.4 por ciento y, a pesar de estrictos controles de precios y de cambios aplicados desde febrero del 2003, todo indica que Venezuela de nuevo será este año el país con la peor inflación, después de Zimbabwe.
Otro problema a enfrentar por Chávez es que gran cantidad de alimentos, materiales de construcción, gasolina y electrodomésticos tienden a irse a Colombia. Se van por absurdos controles que hacen que los precios en Venezuela sean mucho más bajos que en el país vecino. Por ejemplo, un litro de gasolina cuesta en Venezuela apenas 18 centavos de dólar, al cambio libre, o 45 centavos de dólar al prácticamente inexistente cambio oficial.
La reacción del Gobierno es intensificar los controles, mientras se procede a decomisar mercancías cerca de la frontera con Colombia o simplemente almacenada porque el Gobierno considera “acaparamiento” si los inventarios equivalen a apenas cuatro días de ventas.
En su programa dominical de radio y televisión, Chávez recientemente dio instrucciones a militares y funcionarios de combatir duramente todo lo que parezca especulación, acaparamiento o posible intento de exportar a Colombia. Dijo también que no se debería utilizar la leche para elaborar productos que él llama “exquisitos”, como quesos, yogur o leche condensada. Desde entonces se decomisan diariamente muchos alimentos, para supuestamente beneficiar a los venezolanos pobres, pero la realidad es que se agrava cada día más una espantosa y sin precedente escasez de casi todo en Venezuela.
Otro mensaje que da el Presidente es que fuera del microproductor del campo —quien puede ser privado, pero sin potestad para decidir sobre precios ni a escoger su clientela—, todo el resto de la producción y distribución de alimentos debe pasar a manos del Estado. En su programa del 27 de enero dio a entender que la comercialización privada de alimentos no tiene cabida en su proyecto bolivariano. Ese es un nuevo ataque en contra de la eficiencia.
Hasta ahora las importaciones de Colombia de leche, carne, papas, azúcar, frutas, otros alimentos y medicinas han reducido la escasez y en algo han frenado la inflación. Pero el aumento de insultos y amenazas del gobierno venezolano contra Colombia y su irrespeto a pactos y a la libertad de tránsito en las zonas fronterizas están logrando una fuerte caída de las importaciones de ese país.
Todo esto apunta a un endurecimiento aún mayor en los controles y al disparo de la inflación, como ya ocurrió en 1989 y en 1996. Chávez, lamentablemente, sólo ha logrado agravar todos los problemas que encontró.