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Trampas contra la unidad
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El calendario de actividades para las elecciones municipales de noviembre de este año, que aprobó el Consejo Supremo Electoral (CSE) el martes recién pasado, fue diseñado para favorecer al partido FSLN —el cual controla ese Poder estatal—, y sobre todo para perjudicar a la oposición, pero a la oposición democrática y por lo tanto auténtica, no a la pactista. En efecto, dicho calendario le niega, de hecho, a los partidos de oposición, el tiempo necesario para formalizar las alianzas electorales que son indispensables para poder derrotar al partido gubernamental en los comicios municipales de noviembre. De esa manera el Consejo Supremo Electoral quiere facilitar el triunfo del sandinismo orteguista en los comicios municipales.

Eso por un lado. Por otra parte, la resolución del Consejo Supremo Electoral, dictada ayer miércoles 20 de febrero, mediante la cual le arrebata a Eduardo Montealegre la presidencia de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) y se la da a Eliseo Núñez Hernández, afín a Arnoldo Alemán, es como un misil disparado contra la pretendida pero cada vez más incierta unidad liberal. Y al respecto sólo falta comprobar si esta operación contra la unidad opositora es de factura orteguista exclusivamente, o si, como aseguran fuentes de la ALN y de otros sectores de oposición, responde a una acción concertada o consentida con Arnoldo Alemán, como otra derivación de su pacto con Daniel Ortega.

En realidad, por muchos recursos económicos y materiales que tenga el FSLN para repartir durante la campaña electoral, la oposición es tan ampliamente mayoritaria que la derrota del sandinismo orteguista estaría asegurada con sólo que los partidos opositores se unieran para participar en las elecciones. Por eso, para el FSLN, mantener dividida a la oposición es cuestión de vida o muerte. La división de la oposición en general y del liberalismo en particular, como consecuencia del pacto de Arnoldo Alemán con Daniel Ortega, fue la causa fundamental de que este ganara la elección presidencial del 5 de noviembre de 2006. Y ahora, es obvio que sólo manteniendo la división liberal y opositora es que Ortega y el FSLN podrían triunfar en las elecciones municipales del próximo mes de noviembre.

Las bases liberales han comprendido muy bien esta situación y por eso han venido empujando desde abajo la unidad del PLC y la ALN. Inclusive, esta corriente de unidad liberal es tan fuerte que ha obligado a Arnoldo Alemán y a la cúpula arnoldista a aceptar la alianza de esos dos partidos para la participación en las próximas elecciones municipales. Sin embargo, al parecer esta cúpula sólo ha aceptado la unidad liberal para guardar las apariencias, mientras de hecho pone trampas para impedirla, porque lo que más le interesa y conviene es mantener el pacto con Daniel Ortega, y por lo tanto facilitarle la victoria electoral en las municipales como ya se la facilitó en la presidencial del 2006.

De allí que Daniel Ortega y el FSLN hicieran aprobar, por medio del CSE, un calendario electoral municipal que está claramente orientado a impedir la alianza de las fuerzas de oposición, al establecer plazos fatales que se vencerán en la primera mitad de marzo próximo. Este calendario permite apenas hasta el 3 de marzo, es decir, dentro de 13 días, la oportunidad de presentar la solicitud de alianzas electorales; y deja sólo hasta el 14 de marzo, o sea en el lapso de 24 días, el plazo para inscribir las candidaturas a alcaldes, vicealcaldes y concejales de los 153 municipios que hay en todo el país.

Sin embargo, también en la política se puede aplicar el principio de que en la misma adversidad se presenta o se encuentra la oportunidad. Con esto queremos decir que las bases liberales y la estructuras intermedias, no sólo de la ALN sino también del PLC, pueden seguir impulsando la unidad para las elecciones municipales. Al fin y al cabo, lo más importante es que la oposición democrática se una en el voto para rechazar la pretensión de restaurar la dictadura en Nicaragua, así como se unió para derrotarla en las urnas electorales en febrero de 1990.

Este es el reto histórico que tienen planteado los políticos democráticos de Nicaragua y sus partidos. Y la verdad es que si dejan de lado sus diferencias, si remiten sus particulares aspiraciones aunque sea temporalmente, si enfrentan con patriotismo las trampas del pacto no hay ni habrá maniobra orteguista y pactista que se los pueda impedir.

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