¿Cuál es el objetivo político de las próximas elecciones de noviembre? Se ha dicho que es para quitarle al sandinismo el mayor número de alcaldías en beneficio del liberalismo. ¡Mezquino propósito! Las próximas elecciones municipales deben ser, pensando con altura, para que los votos y no el dedo de los caudillos escojan a los mejores ciudadanos, sean liberales o sandinistas, para que juntos sienten la base firme que necesitan la democracia y el Estado de Derecho.
Los alcaldes bien escogidos entre los mejores de las comunidades y luego elegidos mayoritariamente con votos libres, sin imposiciones caudillistas, tendrán un compromiso con sus electores y no tendrán impedimentos partidarios para trabajar con honestidad en beneficio de sus comunidades.
Elegir a Eduardo Montealegre alcalde de Managua es lo que quiere el pactista Alemán, para despejar el camino para recuperar el control caudillista de su liberalismo sumiso. Montealegre no debe aceptar esa candidatura. Como un águila en libre desafío está llamado a volar muy alto para alcanzar las metas soñadas por los nicaragüenses.
Que peleen las moscas por las migajas de los pasteles comunales. Eso si la alianza electoral recién firmada por ALN y PLC no va más allá de ser una farsa política más en una nueva mascarada electoral.
¡Qué la Alianza Liberal Nicaragüense se desmorona! ¡Qué se desmorone! Se comprobará una vez más ante el pueblo esperanzado que los acuerdos entre los partidos no tienen valor ni consistencia.
En las pasadas elecciones presidenciales, en la palestra electoral, resultaron tres competidores principales: en el primer lugar el FSLN, en el segundo lugar la ALN y en el tercer lugar el PLC. Alrededor de estos destacados contenedores giran esos partiditos minúsculos. Son algo así como los satélites de Júpiter que no se ven ni con los más potentes telescopios.
Esos partiditos siempre están dispuestos a dividir el voto en busca de minúsculas ganancias políticas. Que sigan así. El águila no debe ocuparse de ellos. El vuelo del águila debe ser presagio esperanzador de que los votos serán el medio invencible para conquistar gobiernos libres en los municipios.
Desencanto, descontento, son los sentimientos que afloran en las encuestas de opinión. Los sin partido forman el sector más numeroso de las encuestas. Curiosamente esos desencantados, descontentos y sin partido, en su mayoría están siempre dispuestos a votar. Es este un fenómeno de compensación: no les agrada el gobierno que sufren, no confían en los partidos ni en las instituciones del Estado; pero viven sin merma la esperanza de obtener por el voto el cambio que cada ciudadano lleva dentro de sí, en espera de que alguien que no busca candidaturas pueda ofrecerles la seguridad de votar para cambiar.
Dada la realidad que vive Nicaragua, a Montealegre no le convendría ganar las elecciones presidenciales que han de venir después. Porque tendría que gobernar con una Constitución prostituida por la politiquería y acomodada a los intereses personales de los caciques pactistas.
En consecuencia, Montealegre debe convencer con su ejemplo y su palabra a esos descontentos, a esos desencantados, a esos sin partido, para que comiencen a construir con sus votos y en cooperación con los gobiernos edilicios que eligieron, las bases sólidas de la nueva Nicaragua, la Nicaragua del cambio que han soñado siempre tener.