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17.02.08
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Noticias >> Religión y Fe
Transfiguración
Neguib Kalil Eslaquit
Sacerdote católico
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La Cuaresma es un peregrinar en los misterios de la pasión y muerte de Jesús para vivir la Resurrección. En estos cinco domingos, previos al Domingo de Ramos, reflexionamos:

El primer domingo: Jesús tentado en el desierto. (Mateo 4, 1-11). Nos invita a vencer las tentaciones de la mediocridad, el subdesarrollo mental y el miedo a potenciar los talentos. El pecado individual y colectivo son sometidos con la ayuda de Jesús y la respuesta de cada uno.

El segundo domingo: Lo que hoy celebramos. La Transfiguración del Señor. (Mateo 17, 1-9). Nos invita a transfigurarnos en Cristo al asumir actitudes que sean acordes al cristiano: honestidad, responsabilidad, sinceridad y solidaridad entre otras. La gloria del Padre se manifiesta en el Hijo para que lo escuchemos y asumamos que el camino a la Resurrección pasa por la Cruz.

El tercer domingo: Jesús y la mujer samaritana. (Juan 4, 5-42). Nos invita a beber del agua que brota del costado de Jesús, manantial eterno que riega las semillas de sensatez que hacen florecer el árbol de la libertad que produce frutos sanos que nutren a la patria. Evitar calmar la sed de justicia y progreso, en charcas de mordaces críticas, ataques sin fundamento y cultos a la personalidad que hacen famélicos a los pueblos.

El cuarto domingo: El ciego de nacimiento. (Juan 9, 1-41). Nos invita a permanecer en la Luz que no tiene ocaso, para no seguir transitando en valles de obscuridad, que por siglos venimos recorriendo, sumiéndonos en los caudillismos y sinvergüenzadas pasadas y vigentes que frenan todo avance material, intelectual y espiritual por las estructuras tullidas, las mentes retorcidas, la oratoria embustera que promueve la cultura de la mendicidad al no rendir cuentas claras de la función pública y ciudadana, creyendo que somos los infames caporales de un latifundio llamado Nicaragua. Escudriñemos “detrás de las máscaras”. No seamos caballos cocheros que miran únicamente en la dirección del que los apalea. Con la luz de Cristo actuamos con valentía para no quedarnos en el atolladero en donde un grupito sin escrúpulos y sin visión de nación ni de nada, condena al país a un rezago permanente.

El quinto domingo: La resurrección de Lázaro. (Juan 11, 1-45). Nos invita a romper las ataduras que nos inmovilizan y reanimar todo lo bueno que hemos perdido. Es una tarea excepcional, sobre todo cuando un pueblo ha adquirido un modo de vivir en donde se premia al extorsionador, se convive con el mentiroso, el vago consuetudinario tiene como faena el destruir en vez de construir, se adula al caudillo de turno, se le rinde honores al cínico de cualquier calibre, se persigue y exprime a quien quiere trabajar con tenacidad y limpieza, donde imperan las mortajas del aparentar lo que no somos y gastamos lo que no producimos ni tenemos, inventándonos y metiéndonos en supuestos o reales problemas que no nos conciernen como nación, como un sofisma de entretenimiento para evitar el analizar y dar solución a las serias y apremiantes dificultades que hay. No será con consignas, pancartas o gritos amenazadores que surgirá un país próspero. La teoría de la generación espontánea fue aniquilada hace muchas décadas. El trabajo constante, la educación, el cambio de actitudes en un clima de libertades son la notable ruta. Si no seguiremos teniendo “Pan y circo para el pueblo”, como reza un refrán. Y cuando no hay producción, lo que queda es circo y golpiza.

No son las revoluciones políticas ni militares la solución. ¡Está comprobado!. Es la conversión a Cristo.

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