Los pacientes se quejan de la mala atención, dicen que los médicos no les examinan bien, que no reciben los medicamentos completos. “El seguro es un robo”, dicen.
Estas viejas historias se repiten entre los más de 439 mil asegurados que reciben atención en las distintas clínicas médicas previsionales. Pero se ha preguntado alguna vez ¿cuáles son las causas por las que los médicos brindan tan mala atención?
Domingo entrevistó a médicos que trabajan o han laborado en estas clínicas. Por razones obvias, los datos que permitan identificarlos serán omitidos porque tal como ellos afirman, en el gremio médico “hay miedo”, “nos pueden despedir”, aquí les presentamos su versión.
Uno de los médicos entrevistados es especialista en ginecología y ha brindado servicios en dos empresas médicas previsionales (EMP) que figuran entre las cinco que poseen el mayor número de afiliados.
Él dice estar deseoso de contar las cosas que pasan “allá adentro”. “Si supiera las condiciones en que trabajamos los médicos, las condiciones y las presiones que se reciben cuando uno trabaja en una previsional”, advierte. “Hay maltrato a los pacientes, por supuesto, por diversas razones, pero no nos justificamos”.
Nos recibió en una clínica donde brinda atención privada en las horas que le quedan libres. “Es hora de que los médicos enfrentemos la realidad”, dijo mientras nos conducía al consultorio, un cuarto relativamente pequeño, dividido por una sábana en lugar de cortina. Del otro lado, una camilla vacía.
El doctor afirma que el maltrato es parejo. “El sistema de salud pública y el sistema de salud previsional tienen un maltrato institucional al usuario externo, que son los pacientes, y al usuario interno que somos los que damos la atención”.
Una causa común que mencionan los médicos es el poco tiempo disponible que les queda para el descanso. El salario promedio de un médico general es de cuatro mil córdobas, por ello, en su mayoría, los galenos realizan turnos en dos y a veces hasta tres clínicas privadas si es posible.
“Lógicamente un trabajador no puede sonreírle al paciente si tiene 24 horas de estar de turno o si tiene una deuda. Un médico general gana cuatro mil pesos, después de haber realizado siete años de estudios. Yo soy especialista, eso significa diez años de estudios universitarios, más uno de servicio social, son once. Con suerte los once años seguidos si no hay un interfaz. Por eso yo ganaría en el sistema de salud previsional nueve mil córdobas. Hay previsionales que pagan diez mil por las cuatro horas (de consulta)”, explica el ginecólogo.
Eso de las quejas de los pacientes hacia los médicos es un problema de vieja data que, según algunos médicos, es ocasionado por el mal funcionamiento del sistema de salud implantado en el país. Es una cadena que se origina desde el Ministerio de Salud (Minsa), extiende sus ramas hacia el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), llega hasta las Empresas Médicas Previsionales (EMP) y finaliza en la parte más sensible, la población asegurada.
El médico Prosalario Elio Artola dice que su movimiento sindical ha tratado de presentar todos esos problemas del gremio ante las autoridades del Ministerio de Salud, sin embargo, no han obtenido respuesta.
“Nosotros hemos tratado de reunirnos con el Minsa, que es la institución reguladora, son los rectores del sistema de salud, les hemos mandado como diez cartas para solicitarles que nos reunamos, pero no nos responden”, comenta Artola.
Los médicos entrevistados coinciden en que “hay cierto apañamiento entre las autoridades” del sistema de salud.
Una médico general que lleva dos años laborando uno de los centros con más afiliados, describe las consultas a los asegurados como un “enfrentamiento” entre el médico y el paciente.
Si el médico atiende mal al paciente, éste se puede quejar ante el director de la clínica y eso se podría convertir en un motivo de despido. Pero por el otro lado, el médico debe también complacer a la empresa para la cual trabaja y de esa manera, garantizar su puesto.
“Nosotros debemos cumplir dos requisitos: tiempo y número de pacientes. Más nada. ¿Cómo le di la consulta a usted? A ellos no les interesa, lo que les interesa es que el paciente salga sonriendo. ¿Cómo? A través de actos de magia que hacen los médicos, tratando de crear empatía en los primeros dos minutos, tratando de que usted comprenda que el problema no soy yo si no el sistema”, comenta.
Según las normas del Ministerio de Salud (Minsa), el médico debe atender cuatro pacientes en una hora. Quince minutos por paciente. En las empresas médicas previsionales los médicos generales brindan atención durante cuatro horas, lo que se traduce en 16 consultas como mínimo, sin incluir a los pacientes que acuden de emergencia.
En el Hospital Salud Integral, por ejemplo, su director, Ismael Reyes, afirma que se brindan un promedio de 700 consultas cada día, incluyendo especialidades, exámenes de laboratorio y la atención en el programa privado del hospital. En el área previsional cuentan con ocho médicos generales para la atención de pacientes con citas programadas o de emergencia.
“Nosotros podemos atender 18 ó 19 pacientes en muy poco tiempo. Sólo se ‘ve’ al paciente. Sé su nombre, sé donde trabaja, cuántos años tiene y más o menos qué le afecta. Después ‘váyase para su casa, tómese esta pastilla y hágase este examen’.
Si le digo ‘cuénteme desde cuándo tiene este dolor, ¿a ese dolor le ha pasado otra cosa? ¿Qué síntomas tiene?’, con eso me llevo una hora y luego tengo problemas con la administración porque estoy dando menos consultas, me pueden despedir porque mi productividad es baja numéricamente hablando”, relata un especialista en ginecología que laboró en esa clínica.
En esta parte de la historia entran a escena las famosas pastillas que lo curan todo: Acetaminofén e Ibuprofeno.
“Si usted me dice ‘fíjese doctor que ando un dolor aquí’ -se toca un costado-, yo pienso a saber por qué será, y le digo ‘tómese esta pastilla y se le va a quitar’. Le mando Ibuprofeno y le da el efecto placebo: “señora con esto se va curar”, y como usted confía en mí, la pastilla le llega y se le quita el dolor. Pero la duda queda, ¿por qué le dolía? No sé”, agrega. Si el asunto es grave, el paciente volverá y entonces habrá oportunidad de programarle una cita con el especialista, que con suerte podría ser un mes después.
Según dicen, el llamado “analfabetismo” que tiene la mayoría de la población en asuntos de medicina es otro de los elementos que tienen los médicos a su favor y algunas empresas médicas se aprovechan de ello para salir del paso.
Los entrevistados sostienen que hay algunas empresas que les plantean la oportunidad de recibir un bono, a veces de dos mil córdobas adicionales a su salario, con la condición de que receten menos medicamentos o medicamentos baratos y manden la menor cantidad de pacientes a realizarse exámenes de laboratorio.
“Es decir, nos piden que violentemos el derecho que tiene el asegurado para recibir sus medicamentos o sus exámenes y a cambio nos dan dinero. Y como el paciente no sabe si el medicamento está o no en la lista (básica) a la que tiene derecho… Y si usted se queja a mí me corren, igual están violentando mis derechos. Los pacientes saben que quejarse con el director es un arma, entonces ambos, médico y paciente nos enfrentamos en una consulta médica. Los sistemas nos han enfrentado”, sostienen.
El Ministerio de Salud ha extendido una lista básica de medicamentos para los asegurados, de la que en algunas ocasiones ni los mismos médicos tienen conocimiento, según ellos porque las administraciones de las clínicas médicas previsionales la ocultan.
“Y cuando usted receta, por ejemplo, Climent, que está en cobertura pero vale 250 córdobas y es un medicamento para la menopausia, si usted receta un medicamento que vale más de 200 córdobas, le llaman la atención”, relata uno de los ginecólogos consultados.
Estas empresas funcionan como tales, como empresas y como consecuencia el negocio es su fin. Generalmente quienes las administran no son médicos si no profesionales de la administración.