En el Valle Waswalí, seis kilómetros al suroeste de la ciudad de Matagalpa sobre la ruta a Sébaco, más de una docena de obreros dan los últimos retoques a la primera etapa del centro turístico La Perla, que pronto abrirá sus puertas al público. Róger Castillo, el propietario, dice que el nombre del centro rinde honor al título que el poeta Samuel Meza dio a Matagalpa en uno de sus poemas: Perla del Septentrión. Y para la inauguración escogió el día del aniversario de la ciudad, el 14 de febrero, cuando también se celebra el día del amor y la amistad.
A disposición de los visitantes estarán tres ambientes de restaurante, bar, tres piscinas —para adultos, niños y bebés— casino, discoteca, áreas para juegos infantiles, un salón de conferencias y un kiosco para venta de golosinas que constituyen la primera etapa del centro. Castillo dice que después construirá una pista de un kilómetro de longitud, apta para competencias de motocross, bicicross y “karting”, que es una disciplina del automovilismo que se practica con un vehículo pequeño.
La tercera etapa consiste en la construcción de un hotel que entre sus ofertas incluirá habitaciones familiares con cunas, explica Castillo, “por si viene una familia que tenga uno o más bebés.”
Por lo pronto, la infraestructura campestre también comprende un pequeño zoológico con más de 200 animales de diferentes especies: loras, pericos, lapas, tucanes, palomas, búhos, gavilanes peregrinos, querques (ave depredadora familia del zopilote), pavos reales, serpientes cascabel, boas, garrobos, iguanas, lagartos, mapache, ardillas, pumas, tigrillos, monos, entre otros.
El centro turístico está en la entrada a la comunidad Tejerina, frente a la base del Sexto Comando Militar Regional del Ejército de Nicaragua, en una zona rodeada también por beneficios secos de café y donde varios riachuelos, incluyendo el río Waswalí, se resisten a morir por la influencia humana.
En lengua matagalpa, Waswalí significa “entre ríos”. Además de las quebradas y ríos que nacen en las montañas cercanas, también el río Grande de Matagalpa, pasa por el valle. De acuerdo con el historiador matagalpino Eddy Kühl Arauz, Waswalí era el nombre original de la Cordillera Dariense, llamada así desde 1948 en honor al poeta Rubén Darío.
“Ahí se juntan las sierras: la Dariense y la Isabelia. Eso es parte de lo hermoso de Waswalí. Ahí está el cerro Tejerina que es un nombre antiguo y es un lugar donde están los últimos pinares que vienen del hemisferio norte”, dice Kühl. Ahora el calor es característico en Waswalí. “Pero uno se acostumbra”, dice Abelino Zeledón Otero, un señor de 91 años que asegura: “soy nacido y criado aquí”.
Mientras seca el sudor de la frente con una manga de la camisa y se sostiene de un portón de madera en el patio de la casa, bajo la sombra de algunos árboles, donde el olor a ganado persiste en el ambiente, Zeledón recuerda varias anécdotas, incluso cuando era un muchacho y se “robó” a su esposa. “Ella vivía cerca y me la robé. De ahí me echaron preso, por robármela”, dice Don Abelino, refiriéndose a doña Antonia Molina, ya fallecida, con quien se casó y procreó siete hijos.
La fama de la familia Zeledón trascendió el valle desde el cinco de mayo del año pasado, cuando la vaca que llaman “Pan Quemado” parió terneros trillizos, algo considerado insólito. “Pan Quemado” es una vaca swindica —mezcla de las razas pardo suizo y brahman— que pertenece a Luis Zeledón, hijo de don Abelino.
“En mis más de 90 años, jamás había visto que una vaca pariera trillizos. Había visto tres casos de vacas pariendo gemelos, que tampoco es común verlo”, dice don Abelino, mientras su nieto David descarta que el parto múltiple haya sido provocado por algún tratamiento para la fertilidad de la “Pan Quemado”.
David señala que la vaca había parido una vez y en su segundo parto sorprendió a todos porque “esperábamos que naciera un ternero, pero como a los cinco minutos nació el segundo y la sorpresa fue mayor porque un poco más tarde nació el tercero, algo que es anormal en las vacas”.
El historiador Kühl refiere que Antonio Corriols llevó el primer carro a Matagalpa en el año 1916. Después le siguieron más matagalpinos, entre ellos Domingo Portillo, Pablo Valdivia, Gus y Balto Frauenberger, Carlos Hayn, Alejandro Stadthagen, entre otros. Ya en 1940, Adrián Montes prestaba el servicio de transporte público.
Inés Zeledón Blandón tiene una pulpería que colinda con el sur del Puente Waswalí, construido en 1945 sobre el Río Grande, en la carretera que conduce a la ciudad de Matagalpa. Según la señora, por más de dos décadas, el puente sirvió como pista de baile a los pobladores de las comunidades aledañas, quienes aprovechaban que los vehículos pasaban cada tres horas “cuando había mucho tráfico”.
“Ahorita ya no podemos ni cruzarnos al otro lado de la carretera (…) pero antes ahí bailábamos nosotros. En el puente se hacían los casamientos y todas las fiestas porque los vehículos pasaban ‘a las cansadas’ y cuando venía algún carro nos apartábamos para darle pasada y después seguíamos en la fiesta”, recuerda la señora.
Añade: “Bailábamos hasta el amanecer, la música era con guitarras, violín, acordeón y los músicos eran los mismos de aquí, uno de ellos era mi hermano José Ángel Zeledón, también estaba Carmelito Flores…”
Con el incremento del tráfico vehicular por el sitio, ya en 1970, los habitantes de Waswalí tuvieron que empezar a hacer los “bailongos” en sus propias casas.