El presidente Daniel Ortega se ha declarado partidario de Barack Obama, uno de los dos precandidatos presidenciales del Partido Demócrata de Estados Unidos. Y según lo dijo el mismo Ortega, su apoyo a Obama se debe a que este es un revolucionario.
Obama “está sentando las bases para un cambio revolucionario” en Estados Unidos, expresó el presidente Ortega, el miércoles de esta semana en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), al recibir el doctorado honoris causa de esa entidad universitaria estatal. Y aseguró que: “Estamos frente a un fenómeno revolucionario, con la ayuda de Dios algún día habrá una revolución en Estados Unidos y sus gobernantes lograrán actuar diferente, con sentido de respeto, paz, justicia y equidad”.
Daniel Ortega coincide con el escritor liberal Mario Vargas Llosa —una de las personas más odiadas por el izquierdismo latinoamericano—, quien aseguró que Obama está revolucionando el statu quo político estadounidense. Pero Vargas Llosa aclara que: “A diferencia de lo que ocurre en Francia o en América Latina, las revoluciones en Estados Unidos son pacíficas, no se hacen en las barricadas sino en las urnas y no con bombas ni balas sino con votos y palabras (bueno, a menudo eslóganes)”.
Vargas Llosa explica en un artículo que fue publicado en el Diario LA PRENSA el 20 de enero pasado, que “dentro de las coordenadas políticas de Estados Unidos, Barack Obama ha levantado, en un momento difícil de incertidumbre económica y de divisiones y encono político internos, y de desafecto externo hacia el país debido a la guerra de Irak, un movimiento de gran entusiasmo y esperanza, sobre todo entre electores independientes y los jóvenes, en el que, curiosamente, hay reminiscencias mezcladas de lo que fue la movilización a favor de los derechos humanos y de la integración racial que encabezó Martin Luther King y el impacto que causó en la vida política la irrupción de John Kennedy y su mensaje de reformismo idealista”.
A la luz de esas reflexiones de Vargas Llosa y del entusiasmo de Daniel Ortega por Obama, hay que ver en qué términos este precandidato presidencial estadounidense se ha pronunciado sobre temas de referencia revolucionaria, como son los de Cuba y de Hugo Chávez. Precisamente el lunes de esta semana Obama criticó las que él llamó “tendencias despóticas” de Hugo Chávez. “No estoy de acuerdo con las políticas de Chávez o cómo trata a su gente”, dijo Obama. “Creo que tiene fuertes tendencias despóticas. Creo que ha estado usando los ingresos del petróleo para crear problemas contra Estados Unidos. Así que no es un líder al que admire”.
En esa oportunidad Obama respondió a preguntas en un mitin celebrado en la ciudad de Alexandria, Estado de Virginia, y habló también sobre Cuba, con cuyo gobierno comunista dijo que “vamos a hablar de derechos humanos, vamos a hablar de libertad de prensa, vamos a hablar de los prisioneros políticos en Cuba”. Pero dijo que “también vamos a reconocer que, con el tiempo, lo que queremos desarrollar es un tipo de relación de dignidad y respeto mutuos”, pues “la idea de América Latina como un socio menor (de EE.UU.) es “anticuada”.
Es obvio que si Obama se convirtiera en el siguiente Presidente norteamericano, habría cambios en sus relaciones con América Latina, incluyendo a Cuba, Venezuela y Nicaragua. Eso sin perjuicio de la regla general de que Estados Unidos no tiene ni amigos permanentes ni enemigos permanentes, sólo intereses permanentes. Pero en todo caso Obama mantendría en alto aquellos valores que son inherentes a Estados Unidos, ya sean republicanos o demócratas quienes lo gobiernen: la defensa de los derechos humanos, la vigencia de los derechos políticos individuales, la democracia representativa como forma de gobierno y el respeto a la libertad de prensa; valores que son realmente revolucionarios para países dominados por el totalitarismo y el autoritarismo, como Cuba y Venezuela, así como para Nicaragua, amenazada ahora por la probabilidad de restauración de la dictadura.
De manera que lo más probable es que si Obama llegara a ganar la elección presidencial de noviembre, el cambio de la política de Estados Unidos para Cuba, Venezuela y Nicaragua no sería tanto como cree y quiere el presidente Daniel Ortega.