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Las “Torres de Dios”
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En estos días se está celebrando en Granada el Cuarto Festival Internacional de la Poesía, acontecimiento que desde el año 2005 es acogido por esa histórica ciudad que sin duda es la más cultural y turística de Nicaragua. Esta edición del festival ha sido dedicada al gran poeta nicaragüense Salomón de la Selva (1893-1959) y se realiza bajo el lema “La poesía es la esperanza”, pues, según explicó la escritora y poeta Gioconda Belli en su discurso inaugural del evento, el martes de la corriente semana, “la poesía contribuye a la esperanza de los pueblos, frente a las adversidades y el dolor” (y) “es fuente inagotable de creatividad y entusiasmo”.

En realidad, el lema escogido por sus organizadores para la celebración del Cuarto Festival Internacional de la Poesía, resulta apropiado a las circunstancias por las que atraviesa actualmente Nicaragua, donde, en su gran mayoría las personas se sienten angustiadas por el temor a la pérdida de la libertad y de la democracia, por el sonar de los tambores de guerra que vuelven a retumbar en el país, por el retroceso de la economía y el empeoramiento de la situación económica, por la falta de seguridad jurídica, por la dispersión de las fuerzas democráticas y la bancarrota moral de los políticos que se afanan en la lucha por el poder considerado como un botín partidista y personal.

La frase de que “La poesía es la esperanza” se puede entender, entonces, en el mismo sentido de que “vale más buena esperanza que ruin posesión”, como dijera Don Quijote a Sancho Panza tratando de disuadirlo de mezquinas pretensiones. El significado del lema de este Cuarto Festival Internacional de Poesía es el mismo de la antigua locución latina: Pero no se ha perdido la esperanza (“At spes non facta”), con la cual se quiere decir que hasta en los momentos de mayor desgracia y angustia, siempre hay alguna esperanza. Y se puede entender igualmente en la enseñanza de la leyenda de la Caja de Pandora, de la cual salieron todos los males que afligen a la humanidad, pero en el fondo de la misma caja quedó la esperanza de que es posible soportarlos y vencerlos.

Rubén Darío, la máxima gloria poética nacional y arquetipo de la identidad cultural nicaragüense, calificó a los poetas como “¡Torres de Dios, pararrayos celestes!” Y Pablo Antonio Cuadra (PAC, 1912-2002), otro glorioso escritor y poeta nicaragüense quien fuera director de LA PRENSA, en su libro titulado precisamente Torres de Dios, cuenta que los poetas de su generación sentían “una preocupación sagrada, religiosa, por el alma de este pueblo duro e inteligente, capaz de dar un Sandino y un Rubén Darío en la misma medida en que su paisaje reúne lagos y volcanes, suavidad y ritmo de aguas poéticas, fuego y violencia plutónicas, para una empresa colectiva todavía germinal”.

Estas palabras de PAC fueron dichas en 1951, pero son siempre actuales porque definen una agenda que sigue pendiente en Nicaragua. Y así se recoge en el lema del Cuarto Festival Internacional de poetas, el cual nos advierte que “La poesía es la esperanza”. En realidad, la poesía es una parte sustantiva de la cultura, que “tiene como fin el pleno desarrollo de los hombres y de sus pueblos”, tal como lo expresó Juan Pablo II en Uruguay, en mayo de 1988 ; y agregó el desaparecido Santo Padre que: “A ello —es decir, al pleno desarrollo de los hombres y de sus pueblos— deben conducir tanto el crecimiento de las ciencias y de las técnicas, como las distintas formas de comprender y servir a la sociedad humana. Por consiguiente, ha de estar a disposición de todos, atendiendo con prioridad a la solución de los problemas de los más necesitados económica y culturalmente”.

Es en ese sentido que los poetas son “Torres de Dios”, como dijera Rubén Darío. Seguramente por eso poetas de Nicaragua y de todo el mundo se han reunido en este festival Internacional bajo la invocación de la Esperanza. Y por eso mismo, sus organizadores y participantes, quienes también piden que Granada sea declarada patrimonio cultural y ecológico de la humanidad, merecen el reconocimiento y respaldo de toda la sociedad nicaragüense. Quienes queremos la libertad, la democracia y el progreso material y cultural de la persona y la sociedad, no debemos perder la esperanza de que una Nicaragua mejor es posible. Y debemos luchar por ella.

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