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Noticias >> Nacionales
Álvaro Gómez, con su hija en el negocio que posee en El Viejo, Chinandega. (LA PRENSA/C Munguía)
Ayudó a sus padres a quemar sacos de dinero
Lloraron todos porque se acababan sus esperanzas
Carol Munguía
CORRESPONSAL / CHINANDEGA
departamentos@laprensa.com.ni
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Álvaro Gómez recuerda con dolor el 14 de febrero de 1988 porque ese día vio cómo sus padres quemaban un montón de billetes y la pobreza llegó a su hogar.

Gómez tenía 11 años y aún tiene presente la tristeza de sus padres, quienes un día antes del cambio sorpresivo de la moneda habían vendido un lote de novillos y perdieron la mayor parte del dinero.

El gobierno sandinista invalidó los billetes viejos y devaluó la moneda en más de tres mil por ciento, pero lo más grave es que sólo admitía cambiar 10 millones de córdobas viejos por familia, equivalentes a 10 mil córdobas nuevos (1,000 dólares). El resto quedaba retenido en el banco sin fecha de retorno.

“Mi padre y mi madre hicieron fila para cambiar... El resto (del dinero) quedó en sacos en la casa y vi llorar a mis padres y decir que estaban en la ruina”, rememora Gómez.

Sus padres querían comprar una finca en el municipio de El Viejo para sembrar caña de azúcar y criar ganado, con los ahorros que acumulaban de la venta de ganado.

El dinero “lo echaron en un saco siete días más tarde, porque albergaban la esperanza que hubiese una nueva oportunidad de cambio; mi padre lo quemó y lloramos todos porque se quemaban las esperanzas”, recordó Gómez acongojado 20 años después.

Dijo que desde niño trabajó con su padre, desde los nueve años pastoreaba ganado, y después de la desmonetización “mi familia sufrió por necesidades económicas y toda la familia se vio sumergida en la pobreza”.

“Yo regresé a la ciudad, trabajo vendiendo hot dog, vendo sandías en mi negocio cercano a la Zona Franca de El Viejo y estudio por la noche, con la esperanza de bachillerarme este año”, cuenta Gómez.

“Mis padres están ancianos. Yo los tuve que dejar y vine a transformar mi vida con trabajo y con estudio, para darles una vejez con dignidad”, dice ahora con nuevas esperanzas en base a su propio esfuerzo.

“No estoy de acuerdo cómo va el rumbo del país, los jóvenes debemos protestar y que se escuche nuestra incomodidad públicamente, porque Nicaragua merece mejores presidentes”, afirmó.

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