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La “Operación Berta” en San Valentín
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Hoy se cumplen veinte años de la “Operación Berta”, una draconiana medida de política financiera que impuso el primer gobierno sandinista de Daniel Ortega, el 14 de febrero de 1988, para realizar el mayor despojo económico que se ha hecho en Nicaragua en toda su historia. Despojo, el de la “Operación Berta”, que fue tan grande y escandaloso como el de la quiebra bancaria perpetrada entre 1999 y 2001 —y los Cenis que emitió el Gobierno de Arnoldo Alemán para evitar que colapsara el sistema financiero—; o las piñatas sandinistas de 1990-1992; y los que llevó a cabo la dictadura somocista.

La “Operación Berta” fue, además, un acto de sadismo político e inhumanidad, pues para perpetrar el despojo sus promotores escogieron el Día de San Valentín, que es cuando la gente le rinde culto a los sentimientos más preciados de la persona humana, en todas la culturas y latitudes del planeta, como son la amistad y al amor. Tan sublime es el amor, que según dijo Víctor Hugo (1802-1885) “si no hubiese quien amase se apagaría el Sol”. Y la amistad es el “último extremo de la perfección en las relaciones que ligan a los humanos”, de acuerdo con Montaigne (Michel, 1533-1592). Pero eso debe haberles parecido “sentimentalismo burgués”, a quienes escogieron precisamente el Día del Amor y la Amistad para despojar a la gente de su dinero, de su esperanza y en no pocos casos hasta de la voluntad de seguir viviendo.

“La llamada ‘Operación Berta’, dijo posteriormente la Cámara de Comercio de Nicaragua (Caconic), realizada el 14 de febrero de 1988, constituyó uno de los más duros golpes a los comerciantes formales fraguado para descapitalizar totalmente al sector formal del comercio, ya que los altos funcionarios del gobierno que sabían de la operación entregaron córdobas sin ningún valor, a cambio de los inventarios, generando la descapitalización más grande de la historia”.

En realidad, la “Operación Berta”, tal como se explica en un reportaje cuya primera parte se publica en esta misma edición de LA PRENSA, consistió en el lanzamiento sin previo aviso y mediante procedimientos policíacos de seguridad del Estado, de un supuesto “córdoba nuevo” —que era el mismo anterior sólo que suprimiéndole tres ceros—, lo cual impactó de manera demoledora no sólo a los comerciantes, sino que a todas las personas particulares y especialmente a las que tenían dinero en su poder personal y cuentas bancarias corrientes y de ahorro.

En esos días el país sufría los efectos de una alucinante inflación de más de treinta mil por ciento y un dólar costaba cinco millones doscientos mil córdobas (5,200,000). Imposibilitado de seguir imprimiendo billetes sin valor, porque ya ni papel había, el gobierno de Daniel Ortega resellaba los billetes que llegaron a tener el valor ficticio de un millón, cinco millones y diez millones de córdobas. Apelando a su característico humor que no pierden ni en las peores circunstancias, los nicaragüenses comentaban entonces que los sandinistas los hundieron en la miseria, pero al menos los habían hecho “millonarios”.

Por supuesto que los miembros de la cúpula del Gobierno y del FSLN, y sus allegados, no fueron perjudicados por la “Operación Berta”. Más bien se beneficiaron con ella, pues los que sabían de la desmonetización del 14 de febrero, el día anterior recorrieron, en camiones del Estado, los comercios que aún podían operar y se llevaron prácticamente toda la mercadería, a cambio de los billetes sin valor.

El régimen sandinista culpó por aquella perversa desmonetización a “la guerra impuesta por el imperialismo yanqui”, la que en realidad fue provocada por el mismo FSLN en su afán de imponer una dictadura totalitaria y exportar la revolución a El Salvador. Además, aquella terrible crisis económica fue causada fundamentalmente por las irracionales políticas económicas “revolucionarias”, que en el discurso tenían el propósito de crear un Paraíso en la Tierra, pero en la realidad convirtieron a Nicaragua en un infierno.

Hoy, al recordar aquel despojo que fue la “Operación Berta”, ocurrida hace veinte años, hay que estar en alerta para que el nuevo gobierno sandinista de Daniel Ortega, no imponga otra vez aquellas políticas económicas irresponsables y que no lleve de nuevo a Nicaragua por el camino de la guerra. Y en todo caso, hay que impedir que lo haga.

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