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Corrupción y pobreza, honestidad y riqueza
Alfredo González Holmann
El autor es Máster en Administración de Empresas
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Está científicamente comprobado que existe una correlación entre la pobreza de una nación y la corrupción de sus gobernantes, así como entre la prosperidad de una nación y la honestidad de sus líderes.

Los países más pobres están en África y, en nuestro continente, destacan Haití y Nicaragua, con ingresos de 1,500 dólares per cápita anuales. Los más prósperos del mundo están en Europa: Finlandia y Suiza, con ingresos superiores a los 30,000 dólares anuales. Una diferencia del 2000 por ciento.

¿Quiénes son los culpables de estas disparidades? Un sudanés nos ilumina. Mo Ibrahim, de origen sudanés, creció en Egipto y trabajó en África donde desarrolló un imperio en la industria telefónica que luego vendió a una empresa kuwaití.

Ibrahim tiene 61 años y vive en Londres. Es un benefactor que ha creado el premio filantrópico más cuantioso del mundo, más grande que el premio Nobel de su homólogo sueco Alfredo Nobel. Su fundación es dirigida por el ex Director General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, y cuenta con su aporte de mil millones de dólares.

Pueden optar al premio los gobernantes de 38 países del continente africano que se comporten honestamente mientras gobiernan y abandonen las prácticas corruptas que los ha caracterizado. La recompensa para los honestos son cinco millones de dólares, que entregará a los galardonados a lo largo de 10 años y, después de ese período, seguirán recibiendo 200,000 dólares anuales hasta que muera el presidente premiado. Además, los ganadores tendrán 200,000 dólares anuales que podrán utilizar para realizar sus propias filantropías que beneficien a las sociedades de los engendros.

¿Tendrá efectos positivos esta iniciativa? Yo creo que sí, ya los tiene. Nos confirma que la pobreza que los africanos padecen es consecuencia de las actuaciones de sus propios líderes y termina con el mito de que la pobreza es causada por factores externos.

Ibrahim, es un intelectual que ha llegado al convencimiento de que el peor flagelo que azota a los pueblos africanos y a sus similares — como los latinoamericanos— no es la pobreza, sino las prácticas corruptas de sus gobernantes y el bajo nivel moral de sus líderes.

Corrobora la terrible realidad africana la escritora y líder política mundial de origen somalí Ayaan Hirsi Ali. Su último libro Infidel, es una iluminación, debe de ser leído por todas las personas que aman la libertad.

Transparencia Internacional, que vigila la corrupción a nivel mundial, la define la como: El abuso en beneficio personal del poder confiado. Debido a que la vida, la posibilidad de ganarse la vida y la felicidad dependen de la integridad de aquél que está en posición de autoridad.

La pobreza y la desigualdad, obviamente, son la consecuencia de las aberrantes prácticas corruptas y del pobre desempeño moral e intelectual de quienes han ostentado el liderazgo de los países africanos y, por ende, de los países con condiciones semejantes.

Nicaragua no sólo ha tenido gobernantes que saquean las arcas del estado, sino que tuvimos leyes que permitieron al presidente pagarse doble sueldo, hemos tenido el robo sistemático de bienes públicos para uso particular. Además, hemos tenido líderes con tan baja capacidad intelectual y coherencia que no han sido capaces de imitar y pedir ayuda a los mejores ciudadanos del mundo, a aquellos que han logrado crear sociedades verdaderamente prósperas.

Los países pobres y con drásticas desigualdades son sociedades que están desarticuladas desde el punto de vista intelectual y moral. La razón primordial de ese triste descalabro es que hemos abdicado de las funciones de pensar y poder conducir correctamente a nuestras propias sociedades.

El resultado son sociedades amorfas no sólo por las desigualdades sino también por la apatía ciudadana hacia las instituciones. Al tener los individuos, cercenadas sus libertades esenciales, sus vidas se vuelven precarias, lo que termina traduciéndose para unas mayorías de la población en esa gigantesca explosión natural humana que conocemos como la emigración.

Dios quiera que Ibrahim tenga imitadores que admiren la libertad como el valor fundamental de los seres humanos.

Ayn Rand decía: La menor minoría en la tierra es el individuo. Aquellos que niegan los derechos individuales no pueden llamarse defensores de las minorías. Yo agregaría; menos llamarse líderes o guías de sus pueblos.

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