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Contras temen al gobierno de Ortega
Miami (AP)
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No es amenaza

Aunque los republicanos en el Congreso de Estados Unidos están preocupados por las alianzas de Ortega con Hugo Chávez y Fidel Castro y el Gobierno de Irán, concluida la Guerra Fría, Ortega parece menos amenaza para Washington.

“No hay una amenaza estratégica. No está la Unión Soviética apoyando a Nicaragua”, observó Mark Schneider, experto latinoamericano del Grupo Crisis Internacional.

Un número reducido de ex contras y otras figuras de la oposición en Nicaragua se reunieron recientemente en la oficina en Miami de la representante Ileana Ros-Lehtinen, una cubanoestadounidense republicana con antecedentes de lucha contra gobiernos socialistas.

Concluida la guerra civil de Nicaragua, Juan Gregorio Rodríguez cambió su vida como combatiente rebelde por la de mecánico automotor en la Florida. Se mantuvo en contacto con otros rebeldes y siguió apoyando sus esfuerzos políticos, pero principalmente desde lejos.

Eso cambió en el 2006 cuando el enemigo de los rebeldes (popularmente conocidos como “contras”), el líder sandinista Daniel Ortega, fue elegido Presidente, 16 años después que su gobierno respaldado por los soviéticos perdió el poder en una votación que puso fin al conflicto guerrillero en el que murieron unas 30,000 personas.

Su regreso al poder ha impulsado a docenas de ex contras en Estados Unidos a volver a interesarse activamente en la política de su Patria, buscando apoyo en el Congreso estadounidense e incorporándose a movimientos opuestos a Ortega junto con ex colegas en Nicaragua. Algunos incluso advierten que la resistencia armada vuelve a ser una posibilidad.

Lo que realmente perturba a estos ex contras son los planes de Ortega de resucitar los viejos comités de defensa sandinistas en los barrios, que fueron sus ojos y oídos durante su primera presidencia.

Rodríguez y otros ex contras también se sienten traicionados por los compromisos formulados por sus ex camaradas de armas desde la guerra. Algunos incluso se han unido a los sandinistas: el vicepresidente de Ortega, Jaime Morales, es un ex vocero de los contras.

“Muchos de nuestros ex líderes se vendieron a los sandinistas. Los líderes en el terreno quedaron para ayudar a las familias de los que pelearon en la Resistencia”, dijo Rodríguez, quien fue conocido como “Comandante Camilo” y que hoy vive en Miami. Ahora se preguntan cómo “hemos perdido ante el mismo enemigo que combatimos”, agregó.

Los contras de hoy son una sombra del movimiento que la CIA construyó en torno a núcleo de ex soldados que habían servido a la dictadura derrocada por los sandinistas en 1979.

Algunos entraron en la política. Otros siguieron luchando como irregulares, exigiendo beneficios para ex combatientes, o bien como bandidos.

Los contras en la Florida dicen que su oposición será pacífica, aunque algunos sugieren que podrían rearmarse si Ortega intenta restablecer las políticas socialistas.

“Estamos tratando de concentrarnos en los esfuerzos cívicos, producir líderes políticos”, afirmó Salvador Marín, un cirujano que trató a los heridos de los contras en las montañas en la década del ochenta.

“Cuando empezamos teníamos pistolas y fusiles de caza y ninguna experiencia. A lo largo de los años fuimos ganando esa experiencia y todavía la conservamos. Una verdadera guerra dependería de lo extremo de las condiciones impuestas por Ortega”.

Pero el jefe del Ejército de Nicaragua, general Omar Halleslevens, dice que no ve indicios de que los contras se estén rearmando dentro de Nicaragua.

“No tenemos ninguna información sobre algún movimiento militar de la Resistencia Nicaragüense ni de alguien de ellos. Si estuviera ocurriendo ya lo sabrían nuestros cuerpos de inteligencia”, dijo a la Associated Press.

También señaló que la sociedad nicaragüense es muy distinta a la que dejó esa gente ahora radicada en Miami. Los ex rebeldes “se han integrado a diversas organizaciones políticas del país de manera cívica. Están en el congreso, en actividades productivas y muchos de ellos dedicados a su asuntos personales”, afirmó. “Es más, tenemos excelentes relaciones con ellos. (...) Puedo asegurar que el síndrome de la guerra ha quedado muy atrás”, dijo.

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