El miércoles de la semana pasada, el antiguo miembro de la Dirección Nacional del FSLN, ex comandante en jefe del Ejército Popular Sandinista y ex Ministro de Defensa de Nicaragua, general retirado Humberto Ortega Saavedra, publicó en amplios campos pagados de los diarios un llamamiento personal a la “concertación ya” de acuerdos “que garanticen la estabilidad nacional”. En su llamamiento, el general Ortega pidió públicamente a su hermano, el presidente Daniel Ortega Saavedra, que asuma la iniciativa de concertar acuerdos con los “dirigentes del poder político, económico, social, espiritual y los medios de comunicación”, a fin de que “moderen la pasión de las elecciones municipales de este año para que no atenten en contra de los planes para el buen gobierno, en particular en la economía”.
Cabe recordar al respecto que el 9 de enero recién pasado, el presidente de la Asamblea Nacional, diputado sandinista René Núñez Téllez, al inaugurar la legislatura de este año planteó “la necesidad de que busquemos todos y hagamos un esfuerzo por un diálogo constructivo. Yo —dijo Núñez Téllez— como diputado y como presidente de la Asamblea Nacional estoy obligado a instar, a buscar la forma, a impulsar la necesidad de una solución negociada que nos permita avanzar en la consecución de los objetivos que el país requiere”.
Sin embargo, al día siguiente el presidente Daniel Ortega descalificó en la misma Asamblea Nacional la propuesta del líder parlamentario de su partido. “¿Para qué un diálogo? —expresó Daniel Ortega—, ¿para que cada quien llegue a hacer allí su discurso político? Ya vienen las elecciones municipales, el que quiera hacer su discurso político que vaya a las elecciones municipales”.
Es oportuno recordar esas expresiones del titular del Ejecutivo, porque el general Humberto Ortega no aclara si la propuesta de “concertación ya” la consultó previamente con su hermano. De no ser así, tal propuesta no pasaría de ser una idea más de las muchas que circulan en el país en relación con los grandes problemas nacionales. Hasta donde se conoce, el general Humberto Ortega está retirado también de la política, ni siquiera es militante del FSLN ni asesor de su hermano Daniel. Sin embargo, se sabe que el general Ortega participó en los contactos políticos que condujeron a las negociaciones entre el FSLN y el PLC y al pacto de Daniel Ortega con Arnoldo Alemán, que le ha hecho un inmenso daño a la democracia nicaragüense y es la causa principal de los males que el general Ortega propone ahora resolver mediante la concertación ya.
En sí misma, cualquier propuesta de diálogo o iniciativa de concertación política, social y nacional, es buena y constructiva. Sin embargo es preciso recordar que en Nicaragua esos diálogos y concertaciones casi siempre han desembocado en pactos para la repartición del poder, para el reacomodo del control partidista de las instituciones y para hacer del erario y del Estado un botín político y personal. De manera que para valorar apropiadamente esta y cualquier otra propuesta de diálogo y concertación nacional, hay que estar claros previamente de cuál es su verdadera motivación e intención, y asegurarse de que no se trata de una trampa para embrocar de nuevo al país en la corrupta práctica del pactismo tradicional.
En todo caso, si la propuesta del general Humberto Ortega es bien intencionada, es deseable que sea su hermano Presidente el primero en hacerle caso, ya que es a este precisamente a quien hay que quitarle la mala intención de arrojar a Nicaragua en el abismo de la crisis económica, de la inseguridad jurídica, de la ingobernabilidad y la restauración de la dictadura.
En lo que se refiere a los medios de comunicación, a los cuales el general retirado Humberto Ortega incluye en su llamado a la “concertación ya” con el Gobierno, debemos decir que LA PRENSA aboga por el diálogo y la concertación, pero rechaza el pactismo tanto como la imposición del poder y la sumisión de los gobernados. Sin embargo nuestro derecho a la libertad de información y de opinión no tenemos que concertarlo con el Gobierno. La libertad de prensa no se pacta con el poder político y mucho menos para mediatizarla. El presidente Ortega tiene la obligación constitucional, política y moral de respetar la libertad de expresión y de información, la cual no se negocia sino que simplemente se conquista y se defiende.