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10.02.08
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Noticias >> Religión y Fe
El espíritu de la Cuaresma
J. Dávila y Castellón
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“En el tiempo cuaresmal la Iglesia se preocupa de proponer algunos compromisos específicos que acompañan concretamente a los fieles en este proceso de renovación interior: son la oración, el ayuno y la limosna”.

(Benedicto XVI)

Sólo el que vive la Cuaresma como “un proceso de renovación interior” comprende el profundo significado de la misma, quien no posee dicha mentalidad, quien no concibe así la Cuaresma, se expone a perder, lamentablemente, todos los beneficios espirituales de este tiempo de gracia.

No es simplemente el hecho “material” de rezar, ayunar y dar limosna lo que vale o importa en la Cuaresma, sino el espíritu con que realizamos estos “compromisos específicos”, el porqué y para qué efectuamos tales actos, así como también qué motiva nuestra participación en los actos litúrgicos y procesiones de la ocasión. ¿Nos valemos de estos medios como “acompañantes” en nuestro proceso de renovación interior o ni siquiera se nos ocurre pensar que estamos llamados a convertirnos en esta Cuaresma?

No se reza por rezar, ni se ayuna por ayunar ni se da limosna por dar. La oración nos une a Dios, el ayuno modera nuestras pasiones y nos sitúa en nuestra realidad de seres limitados y necesitados y la limosna nos ayuda a ser generosos y desprendidos con los necesitados, pero si todo es realizado con espíritu evangélico, no mecánicamente; sino como recursos indispensables para el proceso de renovación interior, proceso que precisamente, el Señor nos pide, por medio de la Iglesia, en esta Cuaresma.

Meditar en la Pasión y Muerte de Cristo resulta beneficioso para la superación individual y social, pues ¿qué puede elevar tanto la autoestima como saber que valgo la sangre preciosa de todo un Dios que por amor a mí se hizo hombre?

No perdamos el espíritu de la Cuaresma, arrepintámonos, confesémonos, comulguemos, amemos, perdonemos, cambiemos para bien, pues si nos renovamos interiormente, en el “Paso de Jesús de la muerte a la vida, también nuestro ambiente cambiará; celebraremos con Él, aquí mismo, la gloria de su Resurrección y alcanzado por ella, ¡también la nuestra! ¡He aquí la finalidad, el espíritu de la Cuaresma!

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