Jesús, luego de haber sido bautizado y antes que iniciara su vida pública “fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo”. (cfr. Mateo, 4, 1-11).
El desierto simboliza el lugar en donde se puede encontrar la organización de la vida interior, pero también el sitio de batalla que el “príncipe de la mentira” utiliza para confundir el sentido determinante de la vida humana.
Este es un pasaje evangélico que no debemos tomar a la ligera. El mal es una realidad. El Papa Paulo VI, durante la audiencia general del 15 de noviembre de 1972, dijo que: “El mal que existe en el mundo es el resultado de la intervención en nosotros y en nuestra sociedad de un agente oscuro y enemigo, el demonio. El mal no es ya sólo una deficiencia, sino un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor. Terrible realidad. Misteriosa y pavorosa. Se sale del marco de la enseñanza bíblica y eclesiástica todo aquel que rechaza reconocerla como existente; e igualmente se aparta quien la considera como un principio autónomo, algo que no tiene su origen en Dios como toda criatura; o bien la explica como una pseudorealidad, como una personificación conceptual fantástica de las causas desconocidas de nuestras desgracias”.
Son tres las tentaciones que resiste Jesús y se impone. Resumen la tentación de todos los seres humanos para apartarse del plan de Dios. En cada una de ellas el demonio va subiendo de tono, apretando más, buscando el “talón de Aquiles”. La primera se desarrolla en el suelo del desierto. La segunda en lo alto del templo. La tercera en un monte muy elevado.
Primera. Del materialismo. “Convierte estas piedras en pan”. Responde Jesús, citando Deuteronomio 8,3 “no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Somos carne pero también espíritu. Cuando olvidamos esta enseñanza llega la anemia espiritual.
Segunda: De la vanidad: “Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: A sus ángeles te encomendará…”. El demonio tiene la osadía de probar a Dios Hijo deliberadamente citando la Escritura (Salmo 91), pues hasta “los diablos creen y tiemblan”. Lo fundamental es aceptar su Palabra y ser obedientes en el cumplimiento. Jesús responde ante la tentación de engreimiento, que ha cegado a millones en la historia: “No tentarás al Señor tu Dios”. (Deuteronomio 6,16).
Tercera: Del abuso del poder. “Todo esto te daré si postrándote me adoras”. Es el camino fácil que propone el embaucador. Una vía rápida, pero equivocada. Jesús responde: “Apártate Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás y sólo a él darás culto” (Deuteronomio 6, 13).
Ante la tentación de vivir de espaldas a Jesús y al hermano, recordemos aquella frase latina, sobre lo efímero de la vanagloria mundana, citada por Tomás de Kempis, en su Imitación de Cristo (1,3,6): sic transit gloria mundi (Así pasa la gloria del mundo).
Con Jesús todo lo podemos. Invocando su Sangre Preciosa y viviendo las bienaventuranzas es que somos felices. Lo único que vale la pena es una vida recta ante los ojos de Dios. El cielo es nuestra patria definitiva.
Oremos diciendo: Arcángel San Miguel defiéndenos en la lucha, sé nuestro amparo contra la adversidad y las acechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes. Y tú, Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los otros malos espíritus que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.