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Nuevos aliados. El senador Barack Obama logró ayer el respaldo público a su candidatura presidencial demócrata de la gobernadora del Estado de Washington, Chris Gregoire en un mitin en el Key Arena de Seattle. (LA PRENSA/AP/E. THOMPSON)
Obama, un sueño que llega lejos
El senador por Illinois es un recién llegado a la política, pero podría ser el futuro presidente de EE.UU.
Christopher Wills
SPRINGFIELD, ILLINOIS, EE.UU.ANÁLISIS NOTICIOSO DE AP
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No hubo lugar para Edwards, dice analista

Kenneth Janda, profesor emérito de ciencias políticas de la Northwestern University, cree que el éxito de Obama se debe en buena medida a la cobertura que recibió en la prensa. De entrada todo el mundo habló de él y de Clinton, ignorando prácticamente al resto.

“Hay lugar para dos celebridades en una campaña, pero no para tres. El pobre John Edwards fue mayormente ignorado”, dijo Janda.

Escasa diferencia

Según el sitio de internet RealClearPolitics, Hillary Clinton se encontraba el viernes por escasa diferencia delante de Obama en número de delegados: 1,077 contra 1,005, cuando se necesitan 2,025 para obtener la investidura demócrata en la convención de agosto.

Hace un año, Barack Obama se plantó frente a miles de partidarios y lanzó una campaña presidencial que él mismo calificó de audaz.

Era un recién llegado a la política y se exponía sucumbir por distintos caminos.

Corría el peligro de equivocarse al hablar de algún tema. De no poder convencer al electorado de que es algo más que un buen orador. De no ser capaz de recaudar el dinero necesario y montar una campaña seria. De ser tildado como “el candidato negro”.

Muchos políticos más experimentados cayeron en algunas de esas trampas.

Obama, en cambio, sorteó todos los obstáculos y es uno de los dos candidatos que siguen con vida en la contienda por la postulación demócrata. Incluso si no la consigue, pasó a ser una figura de proyección nacional, con un brillante futuro por delante.

“Las campañas presidenciales son algo terriblemente competitivo. Sobrellevó todos los retos”, comentó John Martilla, asesor de Joe Biden, uno de los aspirantes que quedaron en el camino. “Mucha gente lo intentó y no lo consiguió”.

CLAVES DEL ÉXITO

Obama salió adelante combinando una organización inusitadamente sólida con discurso atractivo, en el que propuso una política de cambio y apeló a su inmenso carisma para hacer que ese cambio pareciese una posibilidad real. Recaudó enormes cantidades de dinero, consiguió el respaldo de figuras prominentes y desplegó una multitud de voluntarios en Iowa, Nueva Hampshire y Carolina del Sur.

Esa potente combinación se hizo notar de entrada.

DONDE HABLÓ LINCOLN

Obama trazó paralelos con otro político de Illinois con escasa experiencia en Washington al lanzar su candidatura en el mismo sitio donde Abraham Lincoln pronunció un famoso discurso en el que le dijo al país que debía tomar una decisión en torno a la esclavitud porque una nación dividida no podría sobrevivir.

La gente de Obama se aseguró de que el discurso recibiese la mejor difusión posible. Preparó los mejores efectos visuales, reunió una multitud de más de 10,000 personas y satisfizo las necesidades de cientos de periodistas.

Acto seguido Obama viajó a Iowa para comenzar la campaña y cometió su primer error al decir que los soldados que sirven en Irak estaban “desperdiciando” sus vidas. Se disculpó de inmediato.

El tropiezo fue la excepción, no la regla. Obama ha evitado apartarse del mensaje de que es alguien que puede unir a la gente y cambiar Washington.

“Es muy fácil hacer que uno pierda el camino, y eso no sucedió”, manifestó Martilla.

Obama se lanzó en busca de la Presidencia luego de tan sólo dos años en el Senado. Lo único que sabía la gente de él es que había pronunciado un emocionante discurso en la Convención Demócrata del 2004.

Algunos pensaron que podía dar pelea, otros tuvieron sus dudas.

“Obama está de moda, pero sospecho que se va a diluir”, comentó el analista político Pat Buchanan por entonces. “Mi impresión es que el que puede surgir como la alternativa a Hillary (Rodham Clinton) es (John) Edwards”.

Edwards ya se retiró de la contienda, pese a que tenía mucha más trayectoria, incluida otra campaña presidencial. También desapareció del mapa Bill Richardson, candidato con inmejorables antecedentes y raíces en el vital bloque hispano.

Entre los republicanos, Rudy Giuliani y Fred Thompson no lograron convertir en votos sus reputaciones nacionales, en tanto que el dinero de Mitt Romney no bastó para darle la nominación.

BUENA PERSUASIÓN

El ex asesor de Richardson Dave Contarino dice que las cosas con más complejas.

La publicidad ayudó, pero Obama y su gente hicieron un trabajo brillante que reportó muy buenos resultados.

“Las 10,000 personas que iban a sus actos no regresaban a casa y seguían con sus vidas. Se sumaban a su campaña y eran cortejados, educados y organizados intensamente”, señaló.

Contarino y Martilla coinciden en que el éxito de Obama en la organización de las bases puede haber cambiado la forma en que se hace política en Estados Unidos. John Kerry y Howard Dean mostraron el camino hace cuatro años, y Obama perfeccionó lo que ellos iniciaron.

Obama recaudó más de 100 millones de dólares el año pasado y está recibiendo casi un millón de dólares diarios este año. Más de 700,000 personas aportaron dinero, generalmente sumas pequeñas. El Instituto de Financiaciones de Campañas, que estudia los aportes que reciben los candidatos, dice que un tercio del dinero recaudado por Obama lo aportó gente que donó menos de 200 dólares. Las donaciones de menos de 200 dólares representan en cambio una séptima parte de lo recaudado por Clinton.

Obama concentró sus esfuerzos en Iowa, el primer estado donde hubo consultas internas, porque pensaba que un mal resultado allí acabaría con sus aspiraciones.

La estrategia funcionó ya que ganó en Iowa, lo que le permitió terminar segundo en Nueva Hampshire y nuevamente primero en Carolina del Sur. Eso lo confirmó como el único rival serio de Clinton, la favorita de las encuestas desde antes de que comenzasen las primarias.

Ahora los dos están enfrascados en una batalla frontal que puede durar semanas, si no meses, y cuyo resultado es incierto.

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