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Primarias, en EE.UU. y en Nicaragua
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Las elecciones primarias de Estados Unidos, para escoger a los candidatos de los partidos Demócrata y Republicano que disputarán la elección presidencial del próximo 4 de noviembre, están demostrando la solidez y credibilidad de la democracia norteamericana y causando admiración en el mundo entero. En realidad, independientemente de quienes serán los candidatos de ambos partidos que van a competir en la elección presidencial de noviembre de este año, las primarias están demostrando la grandeza de un sistema político genuinamente democrático, que no teme a la libre opinión ni a la voluntad de los ciudadanos sino que las promueve por todos los medios posibles.

Según explican expertos en el sistema político estadounidense, las primarias no se ajustan a un patrón común para los dos partidos. Por el contrario, cada partido establece sus propias modalidades y reglas del juego, pero en todo caso el mecanismo se basa en la confianza de los políticos y de los ciudadanos, de los votantes y de los candidatos. De manera que salvo en raras excepciones, los resultados de las primarias no son cuestionados por aquellos candidatos y sus partidarios que no resultan vencedores en la contienda política primaria.

Las primarias estadounidenses se llevan a cabo por medio de dos procedimientos fundamentales. Uno es la votación directa de cada ciudadano afiliado al partido o que simpatiza con este, en locales y recintos especialmente habilitados para tal efecto. Y el otro es el de los llamados “caucus”, una palabra de origen indígena con la que se denominaban las reuniones en las que los antiguos jefes tribales tomaban las decisiones que eran de interés y obligatorias para la comunidad que dirigían y representaban. Los “caucus” son integrados por los votantes inscritos en cada uno de los partidos; se reúnen en casas particulares, iglesias, escuelas y cualquier otro lugar apropiado; y mientras comen bocadillos y toman café, té o refrescos, discuten intensamente sobre los temas políticos antes de votar por el candidato preferido.

Por supuesto que las elecciones primarias en Estados Unidos, tanto las directas como las de los “caucus”, tienen defectos o imperfecciones como ocurre con toda obra humana. Además, las primarias se revisten de intensas emociones que a veces polarizan a los ciudadanos y en algunas ocasiones hasta los dejan en situación de enemistad. Sin embargo, esto no suele ocurrir con los candidatos, pues por su condición de políticos profesionales ellos tienen la obligación de comportarse con tranquilidad y demostrar tolerancia e hidalguía, tanto durante la intensa lucha por atraer y convencer a los votantes, como ante la victoria o la derrota según sea el caso.

De todas maneras, a pesar de los defectos que sin duda tiene el sistema de las primarias estadounidenses, sin duda que es superior a los procedimientos políticos que se aplican en muchos países hispanoamericanos, donde las camarillas burocráticas de los partidos o, peor aún, los caudillos o caciques en algunos casos, deciden en nombre de los afiliados y simpatizantes. En estos países la selección de candidatos se hace generalmente por medio del dedazo, y en el mejor de los casos en congresos, convenciones o asambleas cuyos resultados son previamente arreglados, o por “consenso” entre los líderes de los partidos y alianzas.

Cabe señalar que en Nicaragua el FSLN fue el primer partido que incluyó en sus estatutos el procedimiento de primarias o consultas populares, para escoger a sus candidatos. Eso lo hizo después de que perdió las elecciones de 1990 y pasó a la oposición. Pero apenas el liderazgo y las candidaturas de Daniel Ortega y los caciques locales del partido fueron desafiados realmente por candidatos alternativos surgidos de las bases sandinistas, las primarias o consultas populares fueron suprimidas y los retadores de los liderazgos burocráticos resultaron degradados o expulsados del partido.

Ahora, en los partidos liberales ALN y PLC algunos han reclamado la celebración de elecciones primarias para escoger a los candidatos a alcaldes y vicealcaldes. Sin embargo se regatea o niega ese derecho con el pretexto de que no hay tiempo para hacer primarias, que es preferible escoger por consenso de los partidos, que los nicaragüenses no tienen suficiente madurez política y que la pobreza del país no permite financiar las primarias. Pero la democracia se aprende ejercitándola y en algún momento hay que comenzar a practicarla como se debe. Si hay voluntad política democrática, siempre existe y existirá la posibilidad de hacerlo.

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