El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) se prepara para realizar su Asamblea General a inicios de abril próximo en Miami, Estados Unidos, donde el impacto del petróleo en las economías de la región y la necesidad de fomentar reformas, figuran entre los principales temas a debatir.
“Con los precios del petróleo por las nubes, fenómeno que posiblemente no cambie en el corto plazo, viene de manera muy oportuna la próxima Asamblea General del BID en Miami, uno de cuyos temas centrales de discusión es precisamente el de la energía”, confirmó Jorge L. Arrizurieta, presidente del Comité Anfitrión.
La Asamblea General del BID, que el año pasado se realizó en Ciudad de Guatemala, reunirá en Miami en abril a gubernamentales, banqueros, líderes empresariales, de la sociedad civil y académicos de los 47 países miembros del BID del organismo financiero internacional.
En declaraciones vía correo electrónico Arrizurieta dice que Latinoamérica enfrenta una paradójica en el sector. Mientras la región tiene grandes riquezas energéticas y mineras, que al año le generan ingresos en exportaciones por más de 182 mil millones de dólares, “importa igualmente grandes cantidades de combustibles y productos mineros”.
Estima que los altos precios del petróleo —pese a la reciente baja que han venido registrando después que marcaron a inicios de enero el histórico precio de 100.09 dólares el barril— es “un fenómeno que posiblemente no cambie en el corto plazo”.
PARADOJAS ECONÓMICAS
“Paradójicamente, el continente vive al mismo tiempo en medio de la abundancia y la escasez de energía, y entre la bonanza y la pobreza que se derivan de tenerla o no tenerla”, añade.
“Aunque parezca sorprendente, América Latina es —después del bloque de países que se independizaron de la antigua Unión Soviética— la región del mundo donde las exportaciones de productos minero-energéticos tienen el mayor peso dentro de los principales bienes exportados”, sostiene.
Indica, basado en cifras de la Organización Mundial de Comercio (OMC), que los rubros de energía y minerales básicos son los mayores generadores de divisas para la Comunidad de Estados Independientes (CEI), a como se les conoce ahora a 12 naciones que integraron la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URRS).
En Latinoamérica igualmente la energía y los minerales básicos son fuente generadoras de recursos e incluso se exportan.
Por ejemplo, Arrizurieta refiere que en Ucrania, Armenia y Uzbekistán las exportaciones de combustibles y minerales representan el 64 por ciento del total de sus ventas de mercancías. En América Latina, esta proporción es del 42 por ciento, en promedio, aunque para algunos países su importancia resulta ser mucho más alta.
Las exportaciones mineras y energéticas de Centro y Suramérica sumaron durante el 2006 alrededor de 182 mil millones de dólares, de los cuales 110 mil millones correspondieron a combustibles y más de 70 mil a carbón y otros minerales. “La cifra mayor, es cerca del doble del total de las exportaciones agrícolas, que contabilizaron un poco más de 102 mil millones”, sostiene Arrizurieta.
“La región latinoamericana importa igualmente grandes cantidades de combustibles y productos mineros, que representan más del 22 por ciento de sus compras totales de mercancías. Para algunas economías tal cosa se traduce en una verdadera ruina”.
EL CASO CENTROAMERICANO
Centroamérica es una de las regiones de Latinoamérica que más sufre por el alto costo del petróleo, que en países como Nicaragua genera alrededor del 80 por ciento de la energía eléctrica que consume el país.
“Poco sirve decir, que la región en promedio exporta gran cantidad de combustibles, si algunos bloques como Centro América y el Caribe, sufren el peso de las costosas importaciones de petróleo restándoles importantes recursos para su desarrollo en materia social y económica”, subraya Arrizurieta.
El impacto es tal, según datos de Arrizurieta, que el istmo “debe sacar de sus tesorerías 7 mil millones de dólares o más al año”, es decir el equivalente a poco más de cinco veces las exportaciones anuales de Nicaragua.
“Cuando esta región debe sacar de sus tesorerías 7 mil millones de dólares o más, al año, para pagar la factura petrolera, por buenos descuentos que obtenga, en la práctica está aplazando soluciones de fondo a los problemas que la agobian. Dicha cifra es equivalente a todo el esfuerzo generador de divisas de la región en el renglón de textiles y confecciones”, compara.
Pero advierte que “si dichos desbalances no se corrigen, simplemente se continuará caminando sobre el mismo círculo vicioso actual sin descubrir la ruta que coloque a la región como productora de manufacturas más sofisticadas, generadoras de empleo y buenos salarios, sobre la base de una plataforma energética más coherente”.