Las recientes declaraciones de los presidentes Hugo Chávez y Daniel Ortega han causado alarma en la comunidad internacional y temor en nuestro pueblo. En verdad no es para menos, ya que el anuncio de Chávez acerca de la conformación de un ejército para defender su proyecto del Alba, más las expresiones apocalípticas de Ortega asegurando de manera contundente que una agresión contra Venezuela incendiaría Latinoamérica, son dos declaraciones que debemos de tomar muy en serio por venir de dos personajes adoradores confesos del octogenario dictador cubano Fidel Castro.
La beligerancia política y económica con que sueña Chávez en América Latina por medio de sus petrodólares tiene en este momento una estrategia bien definida basada en el caos. A eso se debe el intento premeditado al tratar de iniciar un conflicto armado con Colombia, con el objetivo específico de distraer la opinión pública de su país. Opinión que ya comienza a cuestionar su forma de gobernar y de dilapidar el patrimonio del pueblo venezolano.
Pero analicemos las declaraciones en cuestión. Primero, cuando el presidente Hugo Chávez solicita que se declare a la guerrilla colombiana de las FARC como “fuerza beligerante”, lo hace con conocimiento pleno de lo que su solicitud implica. Recordemos cuando México hizo lo mismo en mil novecientos setenta y nueve reconociendo al sandinismo como fuerza política beligerante, declaración que luego fue apoyada por Francia, uniéndoseles después Venezuela y otros países con el resultado que ya todos conocemos. Dicho con palabras sencillas, Chávez pretende que países demócratas lo ayuden a desestabilizar la democracia más antigua de América y que cuenta con un gobierno legítimamente constituido, todo ello en apoyo a una narcoguerrilla que no duda en practicar el terrorismo y el secuestro en aras de convertir a Colombia en una segunda Cuba.
En cuanto a su otra declaración con relación a la conformación del “ejército del Alba” el que estaría compuesto por Cuba, Bolivia, Venezuela y Nicaragua. Esta idea tiene un objetivo específico y esa coalición nace con un enemigo declarado, el objetivo es usar el “Alba” para intimidar a Colombia ante un futuro enfrentamiento armado que seguramente ya está planificando y el enemigo no es más que el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, todo por tratar de revivir un socialismo desfasado, con relación a esto último: que nadie dude que Daniel Ortega sea capaz de mandar a nuestro ejército a involucrarse en una guerra que costaría más sangre y dolor a nuestro pueblo, sin olvidar que la misma revivirá inevitablemente el fantasma del servicio militar obligatorio. Todo en pago a esos casi trescientos millones de dólares anuales que actualmente recibe el FSLN con el negocio de la gasolina y que no tienen control gubernamental alguno. Si a esto le agregamos las últimas actuaciones del presidente Ortega tratando de vendernos los sueños de su nuevo socio, tenemos que concluir en que el futuro de nuestro pueblo no luce nada halagüeño. por lo que únicamente espero que los nicaragüenses no olvidemos a quienes le debemos todos aquellos atropellos presentes y futuros que tengamos que sufrir por las imposiciones de Ortega.
Cuanta razón tiene quien dijo: que ante el pacto y la corrupción, la unidad es la única solución.